Fiestas Patrias: celebración para unos, preocupación para otros

Septiembre
en Chile se pinta de tricolores, fondas y cuecas. Este año, las Fiestas
Patrias se extenderán por casi una semana, transformando el calendario
en un verdadero maratón de celebraciones. Sin embargo, mientras algunos
preparan el asado y afinan la guitarra, otros enfrentan la crudeza de
una realidad marcada por la desigualdad y la crisis económica.

Desde
Punta Arenas, recorrimos las calles para recoger voces ciudadanas. Lo
que encontramos fue un contraste evidente: entusiasmo festivo, por un
lado, y resignación económica por el otro.


De
acuerdo con estimaciones nacionales, el consumo podría aumentar entre
un 2 % y 4 % durante estas Fiestas Patrias, principalmente en
carnicerías, botillerías y restaurantes. Pero en Punta Arenas, el frío
no solo cala los huesos: también golpea los bolsillos.

Un
asado familiar básico —carne, pan, ensaladas y bebidas— supera
fácilmente los $60.000, cifra que para un jubilado o un obrero significa
un esfuerzo inmenso o, simplemente, un lujo inalcanzable.

Las voces

La magallánica Oriana Barrientos relató su situación con franqueza:

“Todavía
no hemos preparado nada porque es muy temprano… y el bolsillo está así
no más, difícil como para todos. Quizás unas carnecitas, unas ensaladas y
en familia. Pero la pensión no alcanza. El aguinaldo que dan es
poquito, y hace tiempo que no suben las pensiones. Así hay que ir
sobreviviendo, de a poco”
.


Por su parte, Jorge Campos Flores, tras más de tres décadas de trabajo, vive junto a su esposa con una pensión mínima:

“Es
poco lo que recibo, porque primero hay que cubrir los gastos de la
casa. La vida está muy cara. Después de 33 años de trabajo recibir ese
monto me parece una miseria. Ya no estamos en edad de trabajar y uno
queda bien dejado de lado”.

Más duro aún es el testimonio de Antonia Muñoz Muñoz, quien vive sola con apenas $230.000 de pensión mensual:

“No
alcanza, está todo muy caro. El aguinaldo fueron 25 mil pesos, poco. Y
claro, así este 18 no va a haber celebración. No se puede”.


Mientras tanto, José Enmanuel Lisando intenta mantener algo de optimismo, aunque reconoce el peso del costo de vida:

“Ahí
estamos, comprando un corderito para el asado y salir a bailar unas
cuecas. Pero todo está caro. Los parlamentarios se critican entre ellos y
la gente queda sola. Igual algo sirve el aguinaldo, pero es poco. Para
mí la fiesta es pasarla otra vez, ya pasé agosto, ahora toca el 18”.

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