El panorama para los automovilistas no da tregua. Tras un marzo con incrementos históricos de $37,2 y un ajuste al alza en abril, la primera semana de mayo llega con estimaciones que sitúan el incremento en torno a los $35 por litro. Este fenómeno responde a una “tormenta perfecta”: conflictos geopolíticos que restringen la oferta y una política económica interna con un Mepco modificado que permite un traspaso más directo de los precios internacionales.
Tensión entre Hacienda y el Mercado
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ha intentado calmar las aguas cuestionando las proyecciones de los analistas. “¿Quién le dijo eso?”, respondió con escepticismo ante la cifra de los $35, asegurando que los ajustes al mecanismo de estabilización han permitido un ahorro fiscal de mil millones de dólares. Sin embargo, expertos como Héctor Osorio (PKF Chile) y Pablo Barberis (U. de Chile) coinciden en que, aunque Hacienda quiera moderar las expectativas, la realidad del crudo a US$126 hace inevitable un incremento sustancial.
Impacto en la inflación y la UF
El alza de los combustibles tiene un efecto dominó en la economía:
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Presión al IPC: El transporte y la logística encarecen los productos finales, afectando directamente la inflación de abril y mayo.
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UF al alza: Al subir el IPC, la Unidad de Fomento continúa su escalada, impactando dividendos, arriendos y planes de salud.
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Críticas políticas: Desde el Congreso, parlamentarios de oposición y oficialismo (como Olavarría, Sulantay y Cucumides) exigen medidas de mitigación adicionales, criticando el debilitamiento del sistema de estabilización que deja a los hogares más expuestos a los vaivenes externos.
Por ahora, el Gobierno solo mantiene el congelamiento en el precio de la parafina y subsidios al transporte público, dejando el valor de las bencinas a merced de la pizarra internacional.