En el mes del cáncer
de próstata, de acuerdo con datos del Departamento de Estadísticas e
Información de Salud (DEIS) del Minsal, 2.474 hombres fallecieron el año pasado
por esta enfermedad en Chile y se estima que 1 de cada 8 desarrollará esta
patología a lo largo de su vida.
En la Región de
Magallanes, en tanto, 17 hombres habrían fallecido por esta causa durante el
mismo período, cinco casos menos que en 2024. El grupo etario más afectado
corresponde a pacientes entre 70 a 89 años.
“El cáncer de
próstata es el más frecuente en los hombres y, cuando se detecta en etapas
tempranas las posibilidades de tratamiento exitoso son muy altas. La mayoría de
las veces esta enfermedad no produce síntomas, por lo que no debemos esperar a
sentir molestias para consultar. Por eso, si el paciente tiene 50 años o más —o
desde los 40 si posee antecedentes familiares— es importante que se realice
controles preventivos con su urólogo”, afirma el jefe de Cirugía Oncológica
Urológica de FALP, doctor Jorge Díaz.
Detección precoz
“Un examen oportuno
puede marcar una gran diferencia, porque la detección temprana puede salvar
vidas”, asegura el especialista. Actualmente, la combinación de antígeno
prostático, evaluación clínica y resonancia magnética permite diagnosticar
tumores clínicamente significativos de forma más temprana y, al mismo tiempo,
evitar procedimientos innecesarios.
En el ámbito
quirúrgico, los avances tecnológicos han transformado significativamente el
tratamiento durante la última década. Además de la cirugía abierta tradicional,
muchos centros cuentan hoy con prostatectomía robótica.
“Las intervenciones
tradicionales implicaban mayor dolor postoperatorio y una recuperación más
lenta. Gracias a la cirugía robótica, hoy podemos realizar operaciones
complejas de forma mínimamente invasiva, con una baja tasa de complicaciones y
excelentes resultados funcionales”, explica el Dr. Díaz.
Señales de alerta
– Dificultad para orinar.
– Disminución en la fuerza del chorro de la
orina.
– Dolor y ardor al miccionar.
– Presencia de sangre en la orina.
– Problemas para iniciar la micción.
– Goteo posterior a la micción.
– Necesidad de orinar con mayor frecuencia.
– Dolor en los huesos.