Récord en inversión ambiental aprobada contrasta con lentos tiempos de tramitación

El balance anual del SEIA revela una paradoja en el sistema de permisos chileno. Por un lado, la capacidad de cierre del sistema permitió visar montos récord; por otro, el flujo de proyectos pequeños y medianos se ha vuelto más lento y complejo. La “joya de la corona” de este periodo fue la Región de Magallanes, que con el megaproyecto de hidrógeno verde H2 Magallanes acaparó gran parte de la atención y la inversión nacional.


Los protagonistas de la inversión

El aumento explosivo en los montos no se debe a un mayor número de iniciativas, sino a la envergadura de los proyectos que lograron su Resolución de Calificación Ambiental (RCA):

  • H2 Magallanes: Con una inversión de US$ 16.000 millones para la producción de hidrógeno y amoníaco verde, es el proyecto más ambicioso ingresado al sistema.

  • Minera Escondida: Modificaciones operacionales por US$ 2.351 millones.

  • Sectores Clave: Transmisión eléctrica, transporte urbano y expansiones mineras concentraron el grueso del capital aprobado.


El nudo crítico: Plazos y “Permisología”

Pese al éxito en los montos, el presidente de la CChC, Alfredo Echavarría, alertó sobre el incremento en los tiempos de espera, los cuales se han vuelto críticos para la viabilidad financiera de los proyectos:

Tipo de Tramitación Tiempo Promedio 2025 Impacto
Promedio General 20,9 meses Retrasa el inicio de obras y contratación.
Declaraciones (DIA) 17,7 meses Afecta principalmente a proyectos medianos.
Estudios (EIA) 46,9 meses Casi 4 años de espera para megaproyectos.

“Necesitamos avanzar hacia una ventanilla única y establecer plazos máximos vinculantes. El impacto de lo aprobado hoy recién se verá en 2027, siempre y cuando los permisos sectoriales posteriores no sean un nuevo cuello de botella”, señaló Echavarría.


Cartera en espera: Un stock de US$ 98.434 millones

Al cierre de diciembre de 2025, el sistema registra 568 iniciativas en calificación. Este es el nivel más alto de proyectos “en cola” desde 2015. Para el gremio de la construcción, esta es una señal de que Chile tiene una cartera robusta de inversión potencial, pero que corre el riesgo de quedar atrapada en la burocracia si no se estandarizan los criterios técnicos entre regiones.

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