De ser el número tres del Vaticano a estar condenado por abusos

La estrepitosa caída del cardenal George Pell

internacional
14/03/2019 a las 19:30
David Perez
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El australiano era considerado un referente eclesiástico en Oceanía, llegando a presidir la diócesis más grande de su país y el continente.

La carrera eclesiástica de George Pell iba en un meteórico ascenso. Desde su comienzo como sacerdote, el australiano escaló posiciones hasta llegar a ser considerado como un posible reemplazante del Papa Benedicto XVI. Pese a que eso no se concretó, se convirtió en uno de los brazos fuertes de Francisco, imagen muy alejada de la actualidad, donde se ve a un hombre de 77 años tras las rejas.

Como informo Emol, a pesar de que ya había sido alejado del mundo religioso, el martes la justicia australiana condenó a Pell a seis años de cárcel por abusar de cinco menores del coro de su iglesia en los años 90’. Una pena de todos modos menor, considerando que arriesgaba hasta 50 años de presidio por los delitos. El auge y caída de Pell se puede demostrar en seis años: El 2013 fue parte de un grupo de ocho cardenales que intentaron sentar bases para reformar el Vaticano y seis años después el Papa - en su inédita cumbre por los abusos - llegó a decir que quienes cometían esos actos eran “herramientas de Satanás”.

Subiendo de puestos

Partió como sacerdote de una parroquia rural en Australia, luego de que se le confiriera este título en 1966, y realizó estudios de Teología en Oxford. En 1987 se le nombró obispo de Scala y obispo auxiliar en Melbourne hasta que en 1996 fue ascendido de puesto. Según menciona La Vanguardia, dentro de su familia no había total consenso de su devoción por la fe. Su madre, una fiel católica, se encontraba orgullosa de los pasos de su hijo aunque su padre no lo entendía, más aún pensando que a Pell se le ofreció un contrato para jugar en un equipo de fútbol de su nación.

El año 2001 se le designó como arzobispo de Sydney - la diócesis más grande- y se le consideró como uno de los obispos más importantes de Oceanía, representando a su continente en las citas religiosas más importantes, viajando en varias oportunidades al Vaticano. Dos años después vendría uno de sus momentos más importantes al ser nombrado por la máxima autoridad religiosa de ese entonces, el Papa Juan Pablo II, como cardenal. Con este cargo, gozaba con la potestad de votar en los cónclaves por el futuro pontífice. A pesar de que no logró convertirse en el siguiente Papa, el Vaticano sí le otorgó un cargo de relevancia, ya que pasaría a ser el número tres en orden de importancia: en 2014 se le nombra secretario de Economía del Estado religioso. Era el auge de Pell.

Lejos de la Iglesia

No pasarían más de tres años desde que asumió en su nuevo cargo, cuando la situación del cardenal se complicaría. En 2017 fue apuntado por una intensa investigación del Gobierno australiano -iniciada en 2012- como uno de los varios sacerdotes que habrían cometido abusos contra menores de edad. Según el medio español El País, la indagación se inició luego de que miembros de la policía local acusaran a la Iglesia Católica de encubrir casos de pedofilia. En respuesta a ello se llevaron a cabo las averiguaciones que concluyeron con que Pell era parte de un 7% de los sacerdotes católicos del país, que entre 1950 y 2010 cometieron estos actos.

Desde el inicio, informó Emol, el australiano aseguró ser inocente de todos los cargos, agregando que la idea de ser acusado de estos hechos era algo “detestable”. Pese a esto, los oficiales aseguraron que habían “múltiples denunciantes”. El Vaticano, por su parte, protegió desde el inicio a Pell, remarcando su “honestidad” y “enérgica dedicación” en sus labores en Roma. Nada nuevo, ya que el propio Francisco en 2014 lo defendió por otras acusaciones que sopesaban en su contra. “Hay que evitar los veredictos de los medios, basados en rumores”, dijo aquella vez. Pell ha sido la máxima autoridad eclesiástica en ser investigada por estos casos y el Vaticano le permitió volver a su país para limpiar su imagen, aunque el paso de las investigaciones y de los juicios que prosiguieron no lo dejaron bien parado. Perdió su puesto en la Santa Sede en 2019 y su libertad por seis años, aunque puede pedir su salida condicional a los tres años y ocho meses aunque, seguramente, lejos de la Iglesia.


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