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Adultas mayores: los blancos preferidos de los perros en las calles de Punta Arenas

cronica
25/07/2016 a las 19:30
Gerardo Perez
2048

-Las huellas de los ataques caninos han quedado para siempre en sus piernas. -Nunca aparecen los dueños de los perros que atacaron, aunque hayan salido del interior de una casa. -“Ese perro no es mío”, es la excusa más frecuente.

Los pasajes, calles y avenidas de Punta Arenas sirven de campo de acción para muchos perros agresivos cuyos amos o no los cuidan como se debe; o no tienen medidas para evitar que escapen de los patios o, simplemente, les importa muy poco lo que pueda ocurrirle a vecinas, vecinos, niños, niñas o transeúntes que tengan la mala suerte de cruzarse con perros agresivos.
Las adultas mayores saben, mejor que nadie, que esas aseveraciones son una lamentable verdad, porque son los blancos preferidos de las dentelladas perrunas que, incluso, han obligado a sus víctimas, no sólo a ser inyectadas contra un eventual contagio de hidrofobia sino que, en más de un caso, a permanecer, por largos días, internadas en centros asistenciales locales.
Los niños, los adultos mayores y más de algún discapacitado también han sabido de esos ataques caninos, pero, de una u otra forma han salido mejor librados que las adultas mayores, de andar y reflejos más lentos.

“Era un perro grande”

Ana Hernández Sánchez transitaba, en una ocasión no muy lejana, por las calles de la Población Calisto cuando “apareció de repente, no supe de dónde, me atacó y me mordió un perro grande, totalmente desconocido”.
El mordisco no fue menor: le dejó una huella indeleble de trece puntos en una pierna y la obligación de vacunarse contra la rabia.
“Los dientes del perro me desagarraron la piel. Con el susto no me di cuenta hasta que llegué donde un familiar. Sentí algo así como agua que corría por la pierna, pero era sangre y debí ser llevada a la asistencia pública y ahí empezaron a inyectarme contra la rabia”.

“Me atacó una perra con cría”

Demófila Ojeda Ojeda nunca se olvidará de ese momento en que tuvo la mala fortuna de salir de su casa y caminar por uno de los pasajes de la Población Gobernador Viel.
“Creo que era el Pasaje Azócar cuando vi a una perrita que caminaba con su cría. Para no pisar a ninguna de las dos, di un paso a un costado, pero la perra se me vino encima y me mordió la pantorrilla  derecha, cerca de la rodilla, tal vez para proteger a su cría. Me llevaron a la clínica, me hicieron ocho puntos y me enviaron a la casa, con un plan de curaciones lo que me obligó a pedir y lograr apoyo de la Cruz Roja. Pero la cosa se fue poniendo fea, porque me aprestaba a viajar a Río Gallegos, pero una hija me revisó la pierna herida y me dijo que eso no estaba bien. Había una cosa negra y dura sobre la herida que alertó a la doctora que me atendió en un centro médico de Colón abajo y me recomendó hospitalizarme. En esa gestión me ayudó Gustavo Bringas, quien gestionó una cama y allí estuve internada varios días. Me dijeron que estuve a punto de perder la pierna, pero al cabo de casi un mes, logré recuperarme”.
De la perrita atacante y de su cría, nunca supo algo más.

“Un doberman me mordió la nalga derecha”

Dorita Cárcamo Vargas ahora cuenta su historia de ataque perruno en medio de risas nerviosas por el recuerdo, pero…
“Fuimos a la parcela de uno de mis hermanos a compartir una parrillada. Yo vestía completamente de negro y cuando llegamos no hubo problemas hasta que apareció el perro Doberman que tenían en la parcela y con el cual jugábamos sin problema alguno”, recordó Dorita.
“Pero, de repente no me hace una desconocida, al parecer, porque yo vestía de negro y se asustó. Me atacó y yo corrí hasta que me alcanzó y me dio el mordisco en la nalga derecha (“que no se la voy a mostrar ahora, por supuesto, así que fotografíeme con la calza que llevo puesta, no más”).
Después de controlar al perro, procedieron a suturarle la herida y a vacunarla contra la rabia, pero la parrillada que iba a compartir ya no fue lo mismo.
“Aunque tengo una perrita Labradora y un Poodle, aún tengo miedo, pero estos son míos y son buenitos, me acompañan y me cuidan en la casa. ¿Y el perro que me atacó? Ah, se murió de viejo”.

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