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Tarea pendiente para inspectores municipales

Autos chatarrizados y desperdicios amontonados en la calle Capitán Guillermos

cronica
17/07/2017 a las 15:00

Esta no es la primera y única denuncia, los vecinos han solicitado insistentemente la presencia de inspectores

La situación podrá ser denominada “un cuento de nunca acabar”, porque se repite en el tiempo y desde hace mucho.

Es que los vecinos de la calle Capitán Guillermos, a unas dos cuadras de calle Zenteno ya parecen estar acostumbrados a un paisaje que no prestigia, precisamente, a la capital de la Patagonia.

En ese lugar, es posible apreciar una decena de autos de diversos modelos y marcas en lo que parece ser un desarme de partes y piezas, ejecutado en la vía pública.

Y eso no es todo, porque, de acuerdo con los antecedentes logrados en el Municipio, el sector norte de esa transitada arteria de Punta Arenas, debiera ser un área verde, aunque hace unos años, las cercanías de la misma calle con calleZenteno dejó de serlo y se transformó en el estacionamiento para los clientes de un supermercado que funcionó en esa esquina por largos años y que, al ser comercializado a una cadena nacional del retail por su dueños, quedó como una valiosa herencia para los clientes: el estacionamiento de marras aún es gratuito, porque sería un bien nacional de uso público.

El problema es que, desde hace tiempo, el dueño o los dueños o quienes  utilizan las dependencias de un añoso taller mecánico, situado en la vereda sur de calle Capitán Guillermos, han estimado que pueden abandonar chatarra sobre los terrenos de esa “área verde fantasma”, frente a una parte de la Población Williams.

Hace ya un tiempo, uno de los vecinos afectados por el montón de chatarra, N.P.B., contador, de 55 años, emprendió una batalla personal y envió cartas a las autoridades municipales, a la junta de vecinos e hizo la denuncia en forma personal, pero, en forma reservada, se le hizo saber que luchaba en vano porque, por entonces, el taller era administrado por un familiar de una importante autoridad edilicia, muy aficionado al automovilismo deportivo, aunque después habría cambiado de dueño.

Desilusionado por su intento fallido de contribuir a mejorar el paisaje urbano de Punta Arenas, no sólo se cambió de barrio sino que decidió mudarse del todo al norte del país, donde reside en la actualidad, y pone como ejemplo de lo que puede ser la desidia, mostrando las fotografías de los autos, la chatarra y la basura abandonados en la calle y que aún permanecen allí.

Algunos vecinos que pidieron reserva de sus identidades “para no tener problemas con nadie”, respaldaron la denuncia de su ex vecino y pidieron que los inspectores municipales visiten el sector y cursen las notificaciones pertinentes a los infractores y se despeje y se limpie el terreno que ocupan actualmente.

Pero, mientras eso ocurre, la chatarra, la basura y otros desperdicios sigue afeando el sector, aportando, de paso, refugio para borrachos, perros vagos, ratones de diverso tamaño y uno que otro delincuente que encuentran cobijo en los asientos rotos que protegen techos oxidados y parabrisas a medio romper, pero que los protegen algo de la lluvia, del frío o de la nieve.


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