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La historia de Reinaldo Cárdenas Dobson

Leonardo Farkas reconoció el sacrificio de un papá magallánico

cronica
17/06/2016 a las 09:44
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El padre de dos hijos afectados por autismo, daño cerebral y epilepsia, sacrificó su vida para quererlos, cuidarlos y atenderlos desde que eran pequeños, sólo con el apoyo de la abuela paterna de Eric y Soledad, quienes hoy ya tienen casi treinta años.

La oscura noche magallánica de este jueves pareció recibir el brillo de la alegría, de la sorpresa y del agradecimiento de miles de corazones y de ojos llorosos por la emoción.
El protagonista de esta historia es Reinaldo Cárdenas Dobson, de 53 años, el ejemplar padre de dos hijos,  Eric y Soledad, quienes han sufrido desde su primera infancia autismo, daño cerebral y epilepsia, pero que nunca han estado solos o desatendidos porque su padre sacrificó casi tres décadas de su vida para tan noble tarea, apoyado sólo por la abuela paterna, Hilda Dobson Ritter, contadora jubilada, quien frisa los noventa años.
Aquello de que “la casa es chica, pero el corazón es grande” se hizo realidad en el Pasaje Bergantín Cóndor, en el Barrio Sur, porque se llenó de vecinas y vecinos, amigos, y las primeras impulsoras de la campaña que hizo posible que Leonardo Farkas decidiera premiar a Reinaldo Cárdenas con seis millones de pesos por su ejemplo de vida.
Reinaldo, emocionado, sorprendido y agradecido de Leonardo Farkas, casi hasta las lágrimas, recibió el abrazo de Vanessa y Natalia; de Angela, de Vilma, de Patricio, de José, de Karina y de muchos más y reiteró su agradecimiento para Pingüino Multimedia por el apoyo que le brindara nuestra empresa.
También de periodistas, reporteros gráficos, camarógrafos, comunicadores sociales que concurrieron a entrevistarlo.
Reinaldo dijo que el dinero que le entregaría Leonardo Farkas, quien probablemente viaje hasta Punta Arenas, lo destinará a solventar los gastos de sus hijos, ya que, pese a la ayuda de muchas personas e instituciones, los medicamentos que Eric y Soledad requieren son caros y sus ingresos son insuficientes.
Finalmente, Reinaldo Cárdenas Dobson decidió apagar su vetusto celular para poder estar un poco más tranquilo, con los ojos brillantes de emoción.
La última llamada que atendió provino de las Damas de Rojo, a las que anunció que este viernes les dará abrazos y que le faltarán para abrazar a todos los funcionarios del Hospital Clínico de Punta Arenas: un agradecimiento masivo y una alegría de aquellas que hay pocas en la vida.
Su historia
La historia de Reinaldo Cárdenas Dobson, a la fecha de 53 años, comenzó hace casi treinta años.
Por entonces, asumió la singular y sacrificada tarea de asumir solo el cuidado y la atención de Eric y Soledad, los dos hijos que nacieron dentro de un matrimonio que terminó en mala forma para él y los dos chicos.
Eric tiene hoy 27 años y su hermana, 25, y a medida que pasaron los años, los problemas que presentaron desde pequeños se fueron acentuando: presentan autismo, daños cerebrales y epilepsia.
Muchas veces y en muchas ocasiones, Reinaldo ha sido visto paseando a sus hijos por las calles de Punta Arenas, llevando de la mano a sus hijos, quienes, a veces, lo tironeaban, pero él, con cariño y con fuerza, podía controlarlos.
Pero su vida no era fácil ni mucho menos. Los hijos apenas dormían; a veces los medicamentos no permitían ejercer sobre ellos un control mayor; a veces se tornaban agresivos; en otras oportunidades se causaban daño en sus cuerpos, se golpeaban las cabezas contra las puertas o contra los vidrios de las ventanas de su casa y, si salían al patio, pretendían comer pasto o lo que hallaran a su alcance. Sin embargo, siempre su padre estuvo allí.
“La vida encarga misiones a todas las personas y la misión mía fue, ha sido y será, cuidar a mis hijos”, dijo a nuestro diario Reinaldo Cárdenas Dobson, destacando que el gran apoyo que ha tenido en su vida ha sido su madre Hilda Dobson Ritter.
Reinaldo afirmó que las cosas personales son de cada uno y que sus pensamientos y sentimientos más íntimos,  sólo son de él y de nadie más. Que lo único que lo motiva es el cariño que profesa a sus hijos y el cuidado y apoyo que les ha brindado.
Un vecino
José Pino Avila, maestro desabollador, oriundo de Dichato, ha sido vecino de Reinaldo desde hace casi treinta años.
“A los niños los conocí chiquitos. Mis hijas jugaban con ellos, hasta que se manifestó su enfermedad. Al vecino, siempre lo vi solo, uno en cada mano, a veces uno para allá, otro para acá. Pero siempre los tres juntos. El hombre se dedicó sólo a ellos. No recuerdo ni el nombre ni siquiera la cara de la madre, de esa mujer a la que nunca se ha vuelto a ver”, recordó el vecino de Reinaldo.
Y recuerda, también, que muchas veces lo previno, cuando ya Eric y Soledad crecieron, acerca de su estado de salud “porque ni siquiera podía dormir lo necesario para descansar, ni ir al baño tranquilo. Pero eso no lo amilanaba, por el contrario”, afirmó José Pino, no sin emoción apenas contenida.
Pero la resistencia tiene un límite y hace un tiempo, Reinaldo cruzó esa frontera y sufrió un problema cardíaco que lo llevó a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Clínico y, pese a todo, algo salió bien. “El problema lo superé en forma satisfactoria. Y mis hijos pudieron quedarse y ser atendidos en el servicio de Siquiatría, gracias a una gestión del doctor Juan Vukusic y de los profesionales y personal que trabaja con él. He recibido ayuda y apoyo de personas que no conozco, de la Senadis, de las Damas de Rojo, de Carabineros, y perdonen si no los menciono a todos, pero estoy muy agradecido de todos, de todos”, recalca Reinaldo, mientras un destello de emoción le humedece la mirada.

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