Es un modismo muy chileno, muy
magallánico que, en momento, popularizaron locutores y animadores radiales en
sus promociones locales, algunos ya influidos por aquellos que venían del
norte.
Es que las instalaciones del
recientemente inaugurado termina del buses “Mina Loreto”, no sólo recibe
pasajeros y dispone de estacionamientos adecuados para los buses que van y
vienen, cada media hora o cada hora, hasta Río Seco, Pampa Redonda, Leñadura,
Cerro Sombrero o San Juan,y otros puntos de lo sectores rurales y semi rurales
que rodean, unos más cercanos, otros más lejanos, a Punta Arenas o cruzan el
Estrecho rumbo a tierras fueguinas.
Gabriela Lander y Juan Francisco
Ruiz ofrecen lo que muchos llaman “producto gourmet”, y que corresponde a los
productos de una fábrica que funciona en Río de Los Ciervos y que hace honor a
Jorge Velásquez, su dueño, llamado con cariño “El Rey de las Empanadas”.
“Tenemos las empanadas
tradicionales, pero también tenemos las de camarón – queso; centolla – queso”,
afirman Gabriela y Juan Francisco, quienes no ocultan su afecto por su soberano
gastronómico.
“Don Jorge ha estado en el
concurso dieciochero d la mejor empanada de Punta Arenas”, dicen con orgullo y
alegría, mientras se aprestan a preparar los ingredientes de la casi veintena
de menús que venden cada mediodía a pasajeros ocasionales, trabajadores y
turistas chilenos y extranjeros que llegan hasta las dependencias del terminal
a degustar sus creaciones culinarias a sólo 3 mil 800 pesos y que incluye sopa,
plato de fondo, postre y té o café o jugo.
“Aquí no se vende alcohol y
trabajamos sin problemas, aunque nos hace falta otra puerta para que los
clientes entren o por un lado o por el otro” afirmó Guillermo Leiva, junto a su
esposa Magdalena Silva.
“Yo estuve veinte años en un
puesto, pero ahora, es otra cosa porque la gente viene al terminal a tomar
buses, lo usan harto y eso es bueno para todos, porque nosotros atendemos a
quienes no pueden atender los vecinos (Gabriela y Juan Francisco) y ellos hacen
lo mismo cuando a nosotros se nos hace chico el local”, afirma Guillermo,
mientras sus vecinos cuentan que pueden atender una treintena de clientes sin
problemas.
“Pero faltó una puerta, no ve que
hay una sola, pero nos arreglamos” y parecen que se las arreglan muy bien
porque se les ve contentos, atentos, cariñosos, a las seis personas que se
desempeñan en el ala oriente, del edificio de madera y amplios ventanales que
dan a la calle Chiloé y al Río de Las Minas.
Hace un tiempo, allí había
cocinerías, donde primaba, era que no, la gastronomía chilota, cuyos platos
eran acompañados por “tecitos o cafecitos fríos”, servidos en taza marca
“Futura”, color café oscuro, que ocultaban el vino imperdible o la “Chicha de
Manzana”, siempre apetecida.
Gabriela y Juan Francisco
seguirán amasando empanadas para su “Rey” y Guillermo y Magdalena se aprestan a
poner en marcha “La Picada de Don Guillermo”, como buenos emprendedores que han
sido y son, “trabajadores como esclavos chinos o como haitianos con frío y
apetito”, confidencia alguien que los conoce.
“Trabajamos desde las ocho y
media de la mañana hasta las nueve de la
noche y nos va bien. No tenemos problemas con la gente en situación de calle ni
con nadie porque estamos sólo para
trabajar y ofrecer un buen servicio que esté a la altura de este hermoso
edificio que es el terminal “Mina Loreto”.
Hay que ir, en familia, porque, además, los precios no son caros y el ambiente es grato y puede ser una parada obligada antes de viajar hacia San Juan, Leñadura, Pampa Alegre Río Seco, Ojo Bueno o Cerro Sombrero. Así, se irá contento, con el estómago tranquilo y quedará atrás aquello de que “partir (o viajar) es morir un poco”.