Sacerdote Juan Carlos Fuentes tras 23 años en la región:

“Cuando llegué a Magallanes, pensé que me habían botado, pero ahora me voy llorando”

regional
31/12/2017 a las 17:00

Capellán de la Fuerza Aérea de Chile y de Carabineros, señaló que cuando llegó a Punta Arenas en pleno invierno se sintió muy solo, pero las familias magallánicas lo acogieron y se despidió con el dolor del adiós. Recibió la capilla (de Nuestra Señora de Loreto) “sin nada, peladita” y en ella realizó 1.600 bautizos.

El sacerdote Juan Carlos Fuentes Arenas dejó Magallanes. Quien fuera oficial del Servicio Religioso de la Fuerza Aérea de Chile durante muchos años, rostro familiar en las ceremonias institucionales, en las actividades de la Capellanía Castrense y, obviamente, en las misas y actividades sociales de la capilla dedicada a Nuestra Señora de Loreto, fue trasladado de la región a la que había llegado hace 23 años.

Más de una vez se le consultó acerca de la posibilidad de un eventual traslado y al desempeño de sus funciones en otro punto de Chile, como Santiago y su respuesta era la misma siempre y explicaba que era sacerdote, que se había incorporado al Servicio Religioso de la Fuerza Aérea de Chile, de hecho estuvo destacado en la Cuarta Brigada Aérea y que uno de los oficiales de ese servicio y que, por lo tanto, debía obedecer lo dispuesto por el mando de la institución a la cual pertenecía y a la cual tiene mucho cariño.

- ¿Qué sintió cuando, hace casi dos décadas o más, tal vez, fue destinado a Punta Arenas?

“Sentí que me habían botado. No quería nada con Punta Arenas. El clima malo, la distancia. Llegué en invierno y el frío me hizo sufrir un poco. Al principio no encontré a nadie, pero, de a poco, conocí a familias magallánicas que compartieron conmigo y así fui ganando espacios y amigos”.

- ¿Cómo encontró la capilla consagrada a Nuestra Señora de Loreto, aquí en Punta Arenas?

“La capilla estaba sin nada, estaba peladita, pero con el apoyo de muchas familias ha llegado a ser lo que es hoy ” y en ella se han realizado mil seiscientos bautizos, sin contar ni matrimonios ni funerales, afirman las frías estadísticas.

- ¿Y al partir, qué siente?

“Me faltó tiempo para ir a todas las despedidas a las que fui invitado por mis amigos, por las familias que me invitaron a tomar onces. Me faltó tiempo para cumplir con todas las invitaciones”.

- ¿Y qué ocurrió, entonces?

“Tuvimos un encuentro de despedida con los agentes pastorales y en ella me las lloré todas. Dijimos que se realizaría una misa, sin medios de prensa, nosotros, no más y cuando esa misa se ofició, vimos que la Capilla de Nuestra Señora de Loreto estaba llena, estaba repleta de fieles” y se comenta que esa misa de despedida, celebrada hace unos días, fue tan emotiva que, efectivamente, el padre Fuentes se las lloró todas.

- ¿Aparte de las tareas propias de su condición de capellán de la FACh, usted trabajó con los migrantes que han llegado a Punta Arenas en los últimos años?

“Sí, trabajé con ellos y los venezolanos fueron incorporados a la iglesia ya que ellos venían de un país en crisis. Ellos son hermanos nuestros, son latinos, son migrantes, como lo fueron Jesús, María y José (huyendo de las felonías de Herodes). Se pensó y se sabe que los chilenos también son “patiperros”, dónde uno vaya encontrará a un chileno. Se pensó en los exiliados, que se encontraron ante realidades distintas a las de nuestro país”.

- ¿Cómo evalúa esta incorporación de migrantes a la iglesia?

“Los migrantes, primero, luchan por sobrevivir; llevar vida de familia y llama la atención la devoción religiosa que ellos tienen y en ello superan a los fieles nuestros, porque los chilenos son más fríos en su expresión. No podemos cerrarles las puertas. Ellos se expresan con fervor y es una dicha que nos contagian”.

La vida de este sacerdote tiene hitos que, hace ya un par de décadas, lo lanzaron al primer plano de los titulares de medios de comunicación de diversos puntos del país, ya que los exorcismos que practicó, salieron a la luz pública, pero el sacerdote Fuentes siempre mantuvo un muy bajo perfil.

Se fue llorando, porque no quería partir ni alejarse de Punta Arenas, de Magallanes y de su gente. Estará en Santiago, en la Capellanía General de la Fuerza Aérea de Chile, un cura como pocos; un oficial de la institución “azul clarita”, pero, junto con ello, un amigo de Magallanes, de las familias que residen en estas tierras australes y que lleva en el corazón la marca del cariño, de la calidez, pese al clima frío, y el respeto de todas las familias y de la comunidad con las que compartió por largos años.


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