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Columna de Opinión

Amores que matan

columnistas
04/08/2020 a las 14:52
Ignacio Ortiz
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Alfredo Fonseca, abogado

Se dice que la filosofía enseña a pensar, lo que es verdad, pero esto no significa que los que no la hayan estudiado no piensen o bien lo hagan mal. Pero no conocer, aunque sea incipientemente las reflexiones y especulaciones de filósofos, que han dedicado parte o toda su existencia a tratar de entender al ser humano, la sociedad, la ética, el poder y la política puede revelar ignorancia y peligro, sobre todo cuando se trata de la función o desempeño de responsabilidades públicas, cuyas decisiones afectan a la sociedad. Mas aún si esto se combina con la escasez innata de criterio y ausencia de una dosis necesaria de conciencia social.

En ningún caso, debemos confundirnos con máximas, que pregonan que solo los más capaces deberían ostentar las responsabilidades publicas y políticas, debido a que también puede inducir a errores e injusticias. Porque al fin y al cabo ¿quién elegiría a los más capaces? Normalmente detrás de esto se esconde el miedo a la democracia y a la expresión de la soberanía popular.

El filósofo francés, padre del positivismo Auguste Comte, pregonaba una sociedad estable, gobernada por una minoría de doctos que emplearan el método científico para resolver los problemas de la humanidad con el objeto de mejorar las condiciones sociales. Obviamente esto es una utopía, porque las sociedades son bastante más complejas que las leyes naturales o las inferencias de las ciencias exactas. A diferencia de la ciencia, que se sustenta en pruebas, las sociedades al igual que la filosofía funcionan con argumentos, nunca definitivos. Las sociedades y los países son quizás más dinámicas y cambiantes por sus percepciones, frustraciones, anhelos y esperanzas.

Al escuchar las apreciaciones a algunos actores de la política, pareciera que la sociedad fuese estática, que nada debería cambiar, que todo tendría que mantenerse en un círculo inalterable, como si no existieran nuevas premisas y desafíos que iluminen y señalen ciertas esperanzas. Mas aún para muchos la sociedad y el mundo se encapsuló, en la época de la guerra fría de las dos superpotencias que dividieron al mundo. En el caso de nuestro país, todavía hay quienes pretenden dividir la sociedad en izquierda y derecha, sin percatarse que los limites ya no están tan claros y que todo se tornó más difuso. No se puede calificar ideológicamente a las personas por tener más conciencia acerca del delicado momento social que vive nuestro país, querer simplificar las cosas transformando todo en una especie de conspiración de un sector de la izquierda, es no entender nada acerca del Chile real, que al parecer clama por un poco más de justicia social.

En lo que sí me adscribo al pensamiento del filósofo Comte, es en su forma de entender los problemas sociales, que para él eran concebidos como desordenes orgánicos del sistema y proponía como solución reformas que integraran funcionalmente a todos los miembros de la sociedad.

Pero las sociedades al igual que la filosofía son más que un libro de autoayuda como algunos personajes públicos suelen concebir, porque estas se basan en preguntas y respuestas permanentes que debemos hacernos. Al fin y al cabo, todos pensamos, somos animales racionales. Un filósofo expresó: El carpintero piensa bien para fabricar una mesa correcta, el payaso para hacer reír, el político para procurar hacer lo debido…… Claro está que, en su tarea, la filosofía le será aparentemente poco útil, porque no enseña precisamente a pensar lo que hacemos, sino “lo que somos y como entenderlo”, aunque nuestra realidad nos parezca irremediable.

Los amigos de la filosofía deben leer más acerca de ésta y procurar que los gobernantes y legisladores lo hagan para que logren ser un poco más imaginativos y no maten los sueños y las esperanzas de un país mejor.

“Se dice que, hay amores que matan cuanto ignoran.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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