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Auge y caída de la Lista del Pueblo

opinion
05/09/2021 a las 10:28
Pinguino Web 1
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El Espectador.

La “Lista del Pueblo” llegó como un huracán. Con 940 mil votos obtenidos durante las elecciones para la Convención Constitucional, el colectivo consiguió 27 de un total de 155 convencionales y con semejante respaldo, el colectivo, rápidamente, hizo sentir su peso en la Convención. Y luego, a la vuelta de pocas semanas, sin apenas conocerse sus integrantes, todos ellos orgullosamente independientes, antineoliberales y libres de la pesada mochila de los partidos tradicionales, la Lista del Pueblo anunciaba con voz poderosa que ya no se limitaría a modificar la Constitución, sino que además, se presentaría a las elecciones presidenciales y parlamentarias.

¿Pero quiénes eran sus integrantes que gozaban de semejante respaldo?

Casi todos sus integrantes tienen título profesional, en su mayoría, asociados a las humanidades: los más numerosos eran los profesores de historia, abogados, también una socióloga, una abogada-enfermera, un ingeniero civil industrial, un arquitecto, una médico internista, entre otros.

Su discurso era y sigue siendo contestario, emotivo y, según ellos, en íntima sintonía con quienes protagonizaron el estallido social del 18 de octubre. Su página web dice: “Somos el Pueblo, somos quienes hemos luchado toda la historia por obtener dignidad y justicia. Somos quienes hemos vivido y crecido en la inequidad y la desigualdad, somos quienes nos levantamos un 18 de octubre para decir basta”.

Embebida de esta superioridad moral, la Lista del Pueblo rápidamente desechó toda alianza con las demás fuerzas: el Frente Amplio, el Partido Comunista, por supuesto, la ex Nueva Mayoría y ni hablar de la derecha.

Constituidos a la velocidad de las redes sociales, en apenas unas cuantas semanas contra todo pronóstico, el colectivo se veía dominado, obsesionado si cabe, con la idea de romper con todo. Estaban creando una nueva constitución, un nuevo Chile, una nueva forma de hacer política… ¿había escuchado antes esas palabras?

¿Y que proponía este referente?

Sus propuestas, pocas veces explicitadas en un programa común, pues a fin de cuentas podríamos definirlos como “independientes unidos contra el sistema”, incluían estado plurinacional, laico e inclusivo sistema de gobierno semipresidencial, es decir, un parlamento más fuerte, deberes como el respeto a la diversidad o estudiar y trabajar con responsabilidad, entre otros y, finalmente, derechos, hartos derechos: derecho al agua, igualdad, derecho a la educación, pensiones y fortalecimiento de las regiones.

Todo era tan puro, noble, prístino y políticamente correcto… independientes, libres de sospecha, sin mácula, podían decir y actuar como quisieran en medio del fervor cada vez más totalitario de las redes sociales, pues todo aquél que los criticara, o tenía techo de vidrio o se exponía a una funa real o virtual.

Pero en política, siempre es peligroso enarbolar la bandera de la nobleza inmaculada.

Recordaba, a medida que veía su actuar una entrevista a un politólogo argentino. “¿Cuántos países democráticos carecen de partidos en el mundo?, solo seis y todos con menos de 100 mil habitantes. Los partidos organizan, priorizan y ponen contrapesos internos a la búsqueda del poder”, decía.

Y llegó el gran día.

El 4 de julio se realizó la solemne ceremonia de instalación de la Convención Constitucional. Medios de comunicación de Chile y el resto del mundo observaban el momento en que estos 155 convencionales, paritarios en género y con una representación inédita se decía de nuestro país, tomarían el juramento de darle a Chile una nueva constitución, no en una cancha de pelota como ocurriera en la Revolución Francesa, sino en los jardines del hermoso edificio neoclásico del antiguo Congreso Nacional en Santiago.

Pero de solemne, poco hubo. Solo la digna y firme estampa de la funcionaria del Servel, Carmen Gloria Valladares, pudo sacar adelante la ceremonia de instalación, a pesar que la constituyente de la Lista del Pueblo Elsa Labraña la increpara exigiéndole, cartel en mano, que terminara con la ceremonia, pues afuera, manifestaciones, gritos y varios constituyentes también de la Lista del Pueblo, dialogaban unos con los manifestantes y otros formaban parte de las protestas.

La constituyente magallánica de la Coordinadora Social, Elisa Giustinianovich, días después recordaba, consternada, lo ocurrido. “Habíamos preparado una hermosa manifestación y concurrimos con nuestros hijos y nuestras familias hasta el lugar donde se daría inicio a esta ceremonia, a este nuevo Chile. Y entonces, Carabineros empezó a atacarnos y reprimirnos y se desató todo tipo de violencia”. O algo así le entendí.

La escuchaba y me preguntaba: “¿Quién va a una ceremonia de este tipo con sus bebés y sus hijos?, ¿cuál fue el motivo de hacerlo en un ambiente tan crispado como el actual sabiendo que había cordones policiales?, ¿qué buscaban?, ¿les interesaba realmente lo que está en juego?”

La observé largo rato a través de la pantalla. Su rostro, sus gestos, los ojos al suelo o hacia el costado, en todo momento esquivando la mirada, como si recitara un libreto aprendido. Tal vez me equivoco, tal vez no, pero ya mi sensación en esos primeros días de julio era pensar “qué rápido están aprendiendo las prácticas que tanto critican”.

Y no es que al interior de la lista no hubiera gente valiosa, como lo reconoció una de sus más duras detractoras antes del inicio del proceso constituyente. “He conocido durante todo este trabajo gente muy preparada y estudiosa en la Lista del Pueblo. Me retracto de muchas cosas que dije antes de conocerlos, echando a todos en el mismo saco”, dijo nada menos que la constituyente Teresa Marinovic.

Pero eso nunca basta cuando se trata de la búsqueda del poder. El vicepresidente de la Convención, Jaime Bassa, advirtió que veía al colectivo y otros constituyentes más empeñados en mostrar el descontento social que en trabajar en una nueva Constitución.

Y así era. Como un adicto que no sabe el momento en que la droga se apoderó de sí mismo, la Lista del Pueblo ya se había convertido en un movimiento político sediento de un feroz apetito de poder, literalmente, a cualquier costo… pero sin la orgánica, funcional y programática, ni tampoco los mecanismos de contrapeso y control interno que, aunque deficientes casi siempre, al menos, son mejor que nada.

Por todo ello, con la misma velocidad digital alucinante con la que nació, la Lista del Pueblo se desmoronó.

El proceso para elegir a un candidato presidencial degeneró en un escándalo lapidario. Primero, se nombró a Cristian Cuevas y luego, sin que nadie supiera porqué, fue bajado para buscar un mecanismo más “acorde” con el carácter independiente del movimiento, que la persona que presentara el mayor número de firmas ante notario sería proclamada candidato a la presidencia. No habría discusión sobre programas, objetivos, ni nada. Eso lo hacían los partidos tradicionales...

El ganador de semejante proceso fue Diego Ancalao quien había pasado por la DC, Izquierda Cristiana y era cercano al FRVS. Su historia, está salpicada de situaciones irregulares.

El absurdo procedimiento selló el destino del colectivo. Claudia Pérez, la Tía Pikachú, renunció denunciando “continuas fricciones, malas prácticas, actitudes matonescas y la evidente falta de probidad de algunos dirigentes”. Denuncias similares se oían hace rato.

Era la antesala para el acto final, cuando el Servel denunció que el candidato presidencial de la Lista del Pueblo había presentado 23 mil firmas falsas ratificadas por un conocido notario de Santiago, fallecido hacía más de un año.

Y había más. Como denunció esta semana Ciper, habría boletas rendidas al Servel y que fueron cuestionadas por la Comisión de Ética del conglomerado. Ciper contabilizó 24 boletas y facturas de familiares directos de los candidatos, o de sus compañeros de lista, incorporadas en sus rendiciones. Hijos, hermanas, un cónyuge, una tía, un cuñado, un sobrino y una nuera figuran en los gastos presentados por cuatro candidatos. También se detectaron problemas en cuatro boletas que suman $ 7,5 millones extendidas a tres candidatos del Biobío. Aunque sigue en curso la revisión del Servel, la investigación del propio conglomerado ya anota dos expulsiones: el excandidato Mahnke y su jefa de campaña, Miriam Parra.

Giustinianovich fue una de las primeras en renunciar. Pronto, otros la siguieron. Luego vino la desbandada y al final ya era un sálvese quien pueda. Este miércoles, 17 de los 27 constituyentes de la Lista del Pueblo original, anunciaban su renuncia y la creación de un nuevo referente, otro más, llamado “Pueblo Constituyente”, “para rescatar los principios que dieron vida al movimiento”. ¿Será diferente esta vez?, algo me dice que no.

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