La salud privada en regiones se comporta de manera diametralmente opuesta a cómo ésta se lleva a cabo en la zona central del país. Lo anterior debido a que los prestadores privados ven a este sector como un negocio, compran clínicas y centros médicos y algunos incluso tienen su red armada en todo el territorio nacional. Como buscan rentabilizar su negocio, uno de sus objetivo es abaratar costos, principalmente el de personal. De esta manera se puede observar una gran cantidad de TENS (Técnico en Enfermería de Nivel Superior) y pocas Enfermeras o Enfermeros, obviamente porque les sale más barato, pero al final de cuentas las técnicos y los técnicos terminan “haciendo la pega” de las enfermeras, pero ¿las y los TENS están realmente preparados y preparadas para esa labor?, ¿dónde queda la atención de calidad al cliente/paciente?. Al parecer esto no es relevante mientras el negocio otorgue buenos réditos y, como siempre se ha hecho así, sigamos funcionando de esta manera.
Además, las y los profesionales de la salud de regiones prefieren emigrar a la capital por mejores oportunidades laborales y salariales. En consecuencia, las regiones quedan desprovistas de enfermeras y de médicos especialistas. Lo hemos evidenciado en Magallanes, con la falta de oncólogos y dermatólogos, por dar algunos ejemplos. En Punta Arenas es evidente la falta de estos profesionales, sobre todo compatriotas, porqué sí existen de otras nacionalidades, ¿por qué se da este fenómeno?, ¿ningún profesional de la salud chileno quiere venir a trabajar a este región extrema? Como en todo orden de cosas siempre hay excepciones, pero realmente enfermarse en esta región se vuelve muy complejo, se ha perdido en cierta medida la confianza en los prestadores privados, producto de lo mencionado anteriormente. Los que cuentan con los medios prefieren ir a consultar con especialistas del “norte” Santiago, pero el resto creo que queda un tanto desvalido y a la suerte del médico de turno, que puede tener o no los conocimientos o competencias para dar un buen diagnóstico y tratamiento.
Una vez más, lamentablemente, se da la situación del centralismo, ahora en la salud. Debieran estudiarse y crearse incentivos para que médicos, enfermeras y especialistas se vengan a la región. Claro que si los grandes conglomerados siguen teniendo esta mentalidad será bien difícil que se cumpla lo anterior. Logran obtener altos retornos, pero a cambio de ello se entrega un servicio poco profesional, con poca o dudosa preparación, con cada vez menos funcionarios y con una atención al paciente que deja mucho que desear.