Evaluar un nuevo año del Presidente Boric nos lleva siempre a juzgar lo prometido, la consigna, lo dicho, más que sus obras. Las palabras bonitas, la verborrea, son insuficientes para sostener una gestión. El gobierno sigue atrapado de sus palabras previas, y de uno y otro desliz actual, que lo hacen alejarse de la realidad y la objetividad. Años de critica a la Concertación y la derecha llevaron a esta generación nueva de políticos (inexpertos y a la vez sin preparación y escasas competencias), a proponer una serie de iniciativas y promesas que provocaron grandes expectativas, las que lamentablemente eran imposibles de cumplir, aún con mayoría parlamentaria. Se debe agregar además que los pocos logros que se pueden resaltar, a menudo se desdibujan por lo contradictorio que resultan de su diseño original, o por lo poco trascendentes que resultarán en el tiempo. Una cosa es gobernar para todos y todas las chilenas y otra es capitular en cada uno de los frentes. Soy un convencido que un gobierno de izquierda sin al menos una reforma es intrascendente.
El año 2024 para el presidente Boric ha tenido altos y bajos, periodos de calma y turbulencia, en donde escasos periodos en que se pudo retomar la agenda y tener el control fueron desaprovechados generalmente por autoatentados. En el primer semestre, el gobierno tuvo que afanarse cubriendo las esquirlas del caso Convenios. La trágica muerte del presidente Piñera en febrero y el mega incendio de Viña del Mar cubrieron gran parte de la agenda. De igual forma, la filtración de los mensajes del abogado Hermosilla y sus implicancias políticas dieron respiro al Gobierno por varios meses. Hasta la cuenta pública el Gobierno navegó sin inconvenientes para en ese mismo hito, volver a generar expectativas con escasas posibilidades de ser cumplidas. Posteriormente vino el caso Macaya, Vivanco y Cubillos, los que acapararon gran parte de la agenda, mientras era posible destacar las 40 horas, el sueldo mínimo y la ley Karin.
Avanzando el segundo semestre, cuando todo hacía pensar que por fin el Gobierno podría adueñarse de la agenda, el diario La Segunda informa sobre una denuncia por violación en contra del Subsecretario Manuel Monsalve. Le siguen a ello, una seguidilla de errores de omisiones, decisiones y comunicación, coronados con una confusa y enredada conferencia de prensa del presidente Boric. Un delito que, por las dudas, omisiones o errores de su flamante equipo asesor, terminó transformándose en el peor conflicto político del gobierno, del cual aún falta mucho por investigar y aclarar. Un poco creíble “Yo le creo”, que en realidad tuvo más características de apoyo y facilidades hacia el victimario, sepultó todo avance de Gobierno feminista. Desde ahí en adelante, otra vez todo mal, en donde la inexperiencia e ineptitud vuelven a caracterizar la sufrida y ya a estas alturas, mera administración – a duras penas- del ejecutivo.
En sentido general, el Gobierno cierra un mal año económico. Tanto la inflación como el crecimiento no estuvieron dentro de lo esperado. Más cerca de las proyecciones de los “agoreros” que de lo que esperaba el Gobierno. En todo caso, no hay decrecimiento, aunque la realidad económica no favorece en nada la situación financiera de las familias. Por otro lado, a pesar que el Gobierno ha aprobado más de 60 leyes de seguridad (incluyendo todas aquellas que rechazaron cuando gobernaba Piñera), las cifras de delincuencia siguen al alza. Hechos violentos, entre ellos las cifras de homicidios, siguen creciendo, sin que se generen sensaciones de control de la crisis.
Es de esperar que el Gobierno y Apruebo Dignidad se apresuren en planificar y priorizar la agenda 2025 para poder dejar un legado que identifique al mundo de izquierda. Esta generación aseguró tener la fórmula para un Nuevo Chile, ante la supuesta falta de voluntad de las coaliciones gobernantes anteriores; sin embargo, a casi tres años de administración, sólo se acercan a ser una mala copia de algunos de los gobiernos menos exitosos de la Concertación. De no concretar alguna reforma, el presidente y la nueva generación de políticos serán recordados como aquellos que lograron legitimar la constitución de Pinochet, fortalecieron las Isapres y AFP, y entregaron el Litio a Soquimich.