En una jornada de recogimiento espiritual, la capilla del Cementerio Municipal Sara Braun congregó a decenas de fieles para la misa de Todos los Santos, presidida por el obispo de Magallanes, monseñor Óscar Blanco. La ceremonia fue una instancia para rendir homenaje a los seres queridos fallecidos y renovar el compromiso con la vida cristiana.
Durante la homilía, monseñor Blanco enfocó su mensaje en la santidad como la meta principal del cristiano. “La vida cristiana tiene sentido si va más allá de la muerte. La plenitud de nuestra fe es la santidad, y esta se construye día a día”, expresó.
Refiriéndose al dolor de la pérdida, el obispo indicó que “el que muere, va en el buen camino, porque comienza a brotar lo bueno que fue esa persona”.
El prelado hizo un llamado a vivir como discípulos misioneros, reconociendo que cada rol en la vida —"como padre, madre, profesor o sacerdote"— es una misión encomendada por Dios. “La vida misma es una tarea, y en ella podemos experimentar la santidad del ser bueno”, afirmó.
Las bienaventuranzas ocuparon un lugar central en su reflexión, siendo presentadas como el "programa de vida de Jesús". El obispo destacó que la santidad no es exclusiva de los canonizados, sino una vocación abierta a todos. “Felices los que hacen el bien cada día, los que trabajan con honestidad, los que llevan una enfermedad con fe. Porque de ellos es el Reino de Dios”, señaló.
La misa concluyó con una oración por los difuntos y un llamado a los asistentes a vivir como “peregrinos de esperanza”, confiando en la gracia divina.