Las recientes elecciones parlamentarias dejaron un terremoto político de gran magnitud: trece partidos quedaron en riesgo de disolución tras no cumplir ninguno de los requisitos mínimos establecidos por la ley para mantener su personalidad jurídica. La normativa exige obtener al menos el de los votos nacionales en la elección de diputados o elegir cuatro parlamentarios en dos regiones distintas, condiciones que estas colectividades no lograron alcanzar.
Entre los partidos afectados destacan nombres históricos y emergentes: Acción Humanista, Federación Regionalista Verde Social (FRVS), Partido Radical, Evópoli, Demócratas y Amarillos por Chile, además de otras colectividades menores.
De acuerdo con la ley, los partidos que no cumplieron los umbrales podrán optar por fusionarse con otras colectividades para conservar su personalidad jurídica, o iniciar un proceso de disolución, que implica cesar actividades y rendir cuentas ante el Servel.
El Servicio Electoral deberá certificar oficialmente el estatus de cada organización una vez concluido el escrutinio definitivo. Lo cierto es que el mapa político chileno podría experimentar uno de sus reordenamientos más profundos en años, con el fin de múltiples siglas y una reagrupación inevitable en torno a fuerzas con mayor peso electoral.