El panorama político en Venezuela ha dado un giro radical tras la caída del gobierno de Nicolás Maduro. Este fin de semana, Nicolás Maduro Guerra, conocido como "Nicolasito", entregó las primeras declaraciones sobre el estado de su padre desde que fuera trasladado a Estados Unidos para enfrentar un juicio por narcotráfico y otros delitos federales.
"Los abogados nos han dicho que está fuerte. Dijo que no estemos tristes, que nosotros estamos bien, somos unos luchadores", afirmó el diputado oficialista a través de un video, intentando inyectar moral a las bases chavistas que aún procesan el vertiginoso cambio de mando.
Mientras Maduro espera su comparecencia ante un juez en Nueva York, las calles de Venezuela reflejan una profunda división y tensión:
Movilización Chavista: Cientos de simpatizantes marcharon cerca de Fuerte Tiuna exigiendo el regreso del exgobernante. La alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez, instó a actuar "estratégicamente" para preservar la vida de Maduro y Flores.
Nueva Administración: Delcy Rodríguez, juramentada el pasado lunes como Presidenta encargada por el Parlamento (siguiendo instrucciones del Tribunal Supremo), busca consolidar el control del Estado en medio de una transición forzada.
Diplomacia en marcha: El nuevo gobierno de Rodríguez confirmó el inicio de un "proceso exploratorio" con el Departamento de Estado de EE.UU. para restablecer misiones diplomáticas, marcando un deshielo tras años de ruptura.
Pese a que el canciller Yván Gil aseguró que el país vive una "absoluta calma y estabilidad", el gobierno de Estados Unidos emitió una alerta de seguridad crítica el sábado:
"Hay reportes de grupos de milicias armadas, conocidos como colectivos, que instalaron retenes y registran vehículos en busca de pruebas de ciudadanía estadounidense", advirtió el Departamento de Estado, instando a sus ciudadanos a salir del territorio venezolano de forma inmediata.
Por su parte, el canciller Gil descartó tensiones internas, afirmando que el Gobierno Bolivariano mantiene el "monopolio legítimo de la fuerza" y que las armas de la República están bajo control oficial, contradiciendo la percepción de inestabilidad reportada por Washington.