La emblemática Casa Azul del Arte, semillero de talentos regionales con más de 32 años de trayectoria, atraviesa sus horas más oscuras. Lo que comenzó como un rumor se ha transformado en una crisis institucional que enfrenta a la Seremi de las Culturas, a exfuncionarios y a una comunidad que se resiste a ver morir uno de sus espacios más queridos.
El Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Luis Navarro, manifestó su desconcierto ante la decisión unilateral del municipio de Punta Arenas de cerrar el recinto. Según Navarro, existe un compromiso vigente hasta el año 2029, respaldado por el programa Red Cultura, que financió el Plan de Gestión de la institución por un monto de 9 millones de pesos.
"Nos enteramos por los medios de comunicación", señaló Navarro, subrayando que la Corporación Municipal (Cormupa) ha mantenido una postura "ambigua" sobre el futuro del espacio. El Seremi enfatizó que, si bien el Ministerio no tiene potestad para gestionar directamente el inmueble, los recursos para la programación están disponibles, desmintiendo así que el cierre responda a una falta de apoyo gubernamental.
El testimonio más crítico proviene de Valeska Pereira Allende, administrativa de la institución por más de 12 años, quien denunció lo que considera un "despido injustificado y engañoso". Pereira reveló que los trabajadores fueron notificados bajo el Artículo 161 (necesidades de la empresa), una causal que contradice el discurso del alcalde, quien afirma que el municipio cuenta con presupuesto para el 2026.
"Estamos sorprendidos y preocupados. Queremos que se diga la verdad", expresó Pereira, quien además desmintió categóricamente las cifras de asistencia proporcionadas por la autoridad municipal. Mientras el municipio habla de una supuesta "decadencia" con solo 200 alumnos, los registros internos de la Casa Azul —disponibles en su memoria anual— apuntan a una comunidad de más de 2.000 estudiantes activos.
Para quienes han habitado sus salas, el cierre es una pérdida irreparable. Nidia González, usuaria histórica que participó en talleres de pintura, dibujo y danza, describió la situación como un golpe a la esencia del ser humano. "Me duele mucho. El arte permite que afloren las emociones, y la comunicación con los profesores siempre fue excepcional", recordó con nostalgia.
Por su parte, Sandra Vidal, docente y usuaria, cuestionó las prioridades financieras del municipio. "¿Dónde están esos dineros? No se puede cerrar la Casa Azul porque es la única posibilidad que tienen muchos estudiantes de conocer a artistas de otras regiones y países", sentenció, haciendo un llamado a la comunidad a no permitir este retroceso cultural.
El cierre de la Casa Azul del Arte no es solo un conflicto administrativo; es el reflejo de una gestión que parece priorizar el ahorro a corto plazo sobre la inversión social y cultural. La falta de comunicación entre la Cormupa y el Ministerio de las Culturas, sumada a las denuncias de manipulación de cifras de asistencia, configuran un escenario de negligencia institucional que deja a la deriva a miles de jóvenes y adultos mayores en Punta Arenas.
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