El corazón de las emergencias médicas en Punta Arenas, la Base SAMU, no lo está pasando bien. Un complejo escenario de tensiones internas y denuncias de malas prácticas ha fracturado la convivencia entre los funcionarios, activando las alarmas de las autoridades regionales de salud.
Ante la gravedad de los antecedentes, el Servicio de Salud Magallanes decidió tomar cartas en el asunto mediante una estrategia de dos vías: la punición administrativa y la contención emocional. Se busca establecer responsabilidades ante posibles faltas al reglamento, pero también sanar un clima laboral que hoy se describe como crítico.
El plan de intervención diseñado por las autoridades se resume en tres ejes fundamentales:
Investigaciones Administrativas: Se han iniciado cuatro procesos sumarios para indagar denuncias específicas sobre comportamientos y faltas que habrían gatillado el quiebre.
Soporte Psicológico: Se desplegó un equipo de profesionales para brindar apoyo emocional a los trabajadores afectados, buscando reducir el estrés y prevenir licencias médicas masivas.
Acompañamiento Gremial: Fenpruss Magallanes se integró a una mesa de diálogo multigremial para asegurar que las voces de los trabajadores sean escuchadas bajo canales formales, evitando rumores que profundicen la hostilidad.
"Nuestra prioridad es asegurar condiciones laborales adecuadas para que el SAMU, un servicio esencial, siga operando con normalidad y seguridad para la comunidad", enfatizaron desde el gremio.
Pese a la tormenta interna, desde la dirección del Servicio de Salud enviaron un mensaje de tranquilidad a la población magallánica: la operatividad de las ambulancias y el despacho de emergencias no se ha visto interrumpido. Los equipos continúan saliendo a terreno para cumplir con su labor vital, mientras se trabaja en la resolución de los conflictos de "puertas adentro".