Utilizando la base "Profesor Julio Escudero" del Instituto Antártico Chileno (INACh) como centro de operaciones, los científicos Alexander Williams, Roseanna Mayfield y Martha Jane Ledger lograron sortear los desafíos logísticos y el extremo clima antártico para cumplir el 100% de su toma de muestras.
La clave de esta investigación no está en el hielo, sino en lo que los pingüinos han dejado atrás durante siglos. El estudio se centra en los antiguos depósitos de heces que se acumulan en los sedimentos de los lagos antárticos.
La Hipótesis: Estos sedimentos actúan como una "cápsula del tiempo" que preserva el registro genético de virus y bacterias.
El Objetivo: Identificar patógenos históricos para comprender a qué enfermedades se han enfrentado los pingüinos en el pasado.
Relevancia Actual: Estos datos permiten predecir la vulnerabilidad de los ecosistemas antárticos frente a crisis sanitarias modernas, como la actual cepa de influenza aviar.
"Comprender a qué patógenos han estado expuestos los pingüinos en el pasado puede proporcionar valiosas pistas sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas antárticos a las enfermedades actuales", explicó Alexander Williams, de la Universidad de Hong Kong.
Esta expedición es parte de una de las redes científicas más importantes del mundo, financiada por la Unión Europea a través del programa Horizonte Europa.
Red Global: Está compuesta por 50 instituciones asociadas (incluyendo al INACh).
Infraestructura: Permite que científicos de todo el mundo accedan a bases polares y laboratorios de alta tecnología en el Ártico y la Antártica.
Financiamiento: Cuenta con un presupuesto de 14,6 millones de euros para ser ejecutados en un periodo de cinco años.