En un esfuerzo por proteger uno de los ecosistemas más puros del mundo, el Instituto Antártico Chileno (INACh) ha dado un paso fundamental en la lucha contra la contaminación global. El investigador Rodolfo Rondón regresó recientemente de una pasantía estratégica en el Laboratorio de Medio Ambiente Marino del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en Mónaco, con el objetivo de traer a Magallanes las técnicas más avanzadas en detección de microplásticos.
La iniciativa, que forma parte de un convenio de cooperación técnica entre Chile y el organismo internacional, permitió a Rondón estandarizar protocolos de alta precisión. Estos métodos serán aplicados para analizar la presencia de polímeros en agua, nieve y, de manera crítica, en organismos vivos que habitan el territorio antártico.
El kril en la mira científica Uno de los pilares del estudio es el kril antártico, especie que constituye la base de la red trófica en el océano austral. Al ser el alimento principal de ballenas, pingüinos y focas, entender cómo los microplásticos están afectando al kril es vital para cuantificar el impacto humano en toda la fauna local.
Rondón destacó que la experiencia en Mónaco permitirá que Chile trabaje con métodos "armonizados" a nivel mundial. "El riguroso control de las muestras y la incorporación de estos métodos nos posicionan a la vanguardia del monitoreo ambiental", señaló el investigador, subrayando que ahora será posible cuantificar con exactitud la huella del hombre en la Antártica.
Liderazgo regional Con estos nuevos conocimientos, el INACh refuerza su rol como líder en ciencia polar desde Punta Arenas, permitiendo que la información generada en nuestra región contribuya a políticas globales de conservación marina y al resguardo de un ecosistema clave para el equilibrio del planeta.