La tensión en Medio Oriente y el alza internacional del petróleo tras los ataques contra Irán podrían tener repercusiones directas en Chile, impactando el costo de la vida en distintas áreas clave de la economía.
El crudo West Texas Intermediate (WTI), referencia para Estados Unidos, registró fuertes incrementos en los mercados internacionales, mientras que los futuros del diésel y del gas natural también mostraron importantes alzas. El foco de la incertidumbre está en el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial— y en eventuales ataques a infraestructura energética del Golfo Pérsico.
Aunque Chile no compra directamente petróleo iraní —debido a sanciones internacionales—, el crudo se transa en un mercado global. Por lo tanto, cualquier disrupción relevante en la oferta mundial termina impactando los precios internacionales y, en consecuencia, los valores internos.
El efecto más inmediato podría verse en las bencinas y el diésel. Chile importa la totalidad del petróleo que consume, por lo que es especialmente sensible a variaciones externas.
Si el precio internacional del crudo se mantiene al alza, la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) reflejaría esos cambios en sus informes semanales de precios, lo que podría traducirse en incrementos en las estaciones de servicio.
El diésel es particularmente relevante, ya que mueve gran parte del transporte de carga y maquinaria productiva. Un aumento sostenido podría generar un efecto en cadena sobre otros bienes y servicios.
Un encarecimiento del diésel impactaría directamente a transportistas y empresas logísticas. En Chile, donde gran parte de los productos se trasladan por vía terrestre desde puertos o centros de distribución, el alza del combustible puede traducirse en mayores costos de transporte.
Esto podría afectar:
Tarifas de transporte de carga.
Costos de distribución de supermercados.
Eventuales reajustes en pasajes interurbanos o servicios privados.
Aunque no es automático ni inmediato, un escenario prolongado de precios altos suele trasladarse gradualmente al consumidor final.
El alza en combustibles también puede impactar el precio de alimentos, especialmente aquellos que requieren transporte de larga distancia, refrigeración o uso intensivo de maquinaria agrícola.
Además, si el conflicto afecta el mercado global del gas natural —clave para la producción de fertilizantes— podrían generarse presiones adicionales en el sector agrícola a nivel internacional.
En Chile, la generación eléctrica depende en parte de combustibles fósiles importados, además de gas natural. Un aumento sostenido en los precios internacionales podría presionar los costos energéticos, aunque el impacto dependerá de contratos vigentes y de la matriz energética, que hoy tiene una fuerte presencia de energías renovables.
En el sur del país, donde el uso de combustibles para calefacción es relevante, un alza del diésel o derivados podría afectar los gastos domésticos durante el invierno.
Expertos internacionales citados por CNN advierten que, aunque existe volatilidad y señales de “pánico” en los mercados mayoristas, también hay suficiente oferta global de petróleo para evitar, por ahora, un escenario extremo como el vivido en 2022 tras la invasión rusa a Ucrania.
Para Chile, el efecto dependerá principalmente de:
La duración del conflicto.
Si el estrecho de Ormuz permanece afectado.
Si se producen daños relevantes en infraestructura petrolera del Golfo.
En el corto plazo, el área más sensible es el precio de los combustibles. Si el alza internacional se consolida, el costo de la vida podría resentirse gradualmente en transporte, alimentos y servicios, reactivando presiones inflacionarias en la economía nacional.
Por ahora, el mercado se mantiene en alerta, y la evolución del conflicto en Medio Oriente será determinante para medir su verdadero impacto en el bolsillo de los chilenos.