Para muchos, la Costanera de Punta Arenas es un lugar de paseo; para Rossina Pastorelli, es su santuario. La atleta regional se ha convertido en un referente del bienestar en Magallanes, no solo por sus kilómetros recorridos, sino por su capacidad de transmitir, a través de plataformas digitales, que el running es una herramienta de transformación personal.
"El running se transformó en un espacio para encontrarme conmigo misma, ordenar mis ideas y sentirme viva", confiesa Rossina. Para ella, correr en la Patagonia no es solo ejercicio, es una prueba de carácter: "El viento, el frío y las condiciones de nuestra tierra nos desafían, pero nos hacen creer en nuestra propia fuerza. Algunas de las decisiones más importantes de mi vida las he tomado corriendo".
Su proyecto personal, Runika, nació de la necesidad de sanar y conectar. Hoy, esta iniciativa ha cruzado fronteras, llegando a personas de diversos rincones del mundo que buscan en sus videos y mensajes el impulso para dar el primer paso o reintentarlo tras un fracaso.
"Mi mayor acto de amor es poder compartir lo que el running me ha entregado", señala. Runika no pretende ir rápido; busca que cada paso y cada sonrisa "vibren un poco más". El proyecto pronto incorporará sesiones de coaching, productos digitales y salidas grupales, siempre bajo la premisa de que el bienestar está en las cosas simples.
Uno de los desafíos más recientes de Pastorelli es Patagonia Running Kids, un club deportivo fundado junto a la profesora Estefani Sánchez. Este espacio busca formar a niños desde el amor, el respeto y el disfrute del movimiento.
"Siempre pienso en qué tipo de entrenadora me hubiese gustado tener cuando era niña", reflexiona Rossina. Para ella, el rol de los padres es fundamental: "El primer paso de los niños depende del compromiso de la familia. Buscamos que sea un espacio de comunidad donde los padres acompañen y motiven".
Al cierre de la conversación, la atleta deja un mensaje cargado de identidad regional para sus vecinos de Magallanes. Reconoce que el clima y las pocas horas de luz en invierno son obstáculos reales, pero es precisamente ahí donde reside el valor de la actividad.
"Los invito a ponerse las zapatillas, salir, respirar nuestro aire patagónico y recordar que cada paso es una forma de cuidarnos. Como magallánica, es muy significativo compartir este proyecto en la tierra que amo", concluye Rossina, recordándonos que, en el extremo sur, correr es también una forma de honrar el territorio.