Una macabra escena ha conmocionado al condado de Kericho, al oeste de Kenia. Lo que comenzó como el hallazgo de 14 cuerpos el pasado fin de semana, se ha transformado en una tragedia de gran magnitud tras la exhumación de un total de 33 cadáveres en el cementerio de Makaburini. Según informó el senador Samson Cherargei, la cifra incluye a 25 niños y ocho adultos, además de diversas extremidades desmembradas.
El patólogo del Gobierno, Richard Njoroge, señaló que el hallazgo es "altamente inusual", indicando que, por el estado de los restos, algunos parecen proceder directamente de morgues y hospitales. Esta situación ha levantado sospechas sobre el manejo ilegal de cuerpos no reclamados por parte de instituciones de salud.
La investigación, liderada por el Departamento de Homicidios de la Dirección de Investigaciones Criminales (DCI), apunta a que los entierros se realizaron en momentos distintos debido a los diversos estados de descomposición.
El senador Cherargei ha exigido una investigación exhaustiva sobre cómo los hospitales se deshacen de los cuerpos. Como referencia, el Hospital Nacional Kenyatta de Nairobi informó recientemente que mantiene 480 cuerpos sin reclamar, de los cuales la mitad son menores de edad, lo que expone una crisis sanitaria y legal en el país.
La organización de derechos humanos Vocal Africa calificó el descubrimiento como una "tragedia espantosa", denunciando que los informes de mutilación sugieren un nivel de violencia que requiere rendición de cuentas a nivel nacional.
Este hallazgo reabre las heridas de la masacre de la secta de Shakahola en 2023, donde se desenterraron más de 400 cuerpos de seguidores que murieron por ayuno forzado. En el caso actual de Kericho, ya existen dos sospechosos detenidos que comparecieron ante el tribunal local para esclarecer su responsabilidad en estos entierros clandestinos.