La NASA ha revelado esta semana la estrategia más ambiciosa de su historia reciente: un plan de 20.000 millones de dólares para retomar la presencia humana en la Luna en 2028. El anuncio, realizado por el administrador de la agencia, Jared Isaacman, marca un cambio de paradigma al buscar no solo visitas esporádicas, sino una ocupación permanente y autosustentable en el satélite terrestre.
A diferencia del programa Apollo (1961-1972), esta nueva era —enmarcada en una revisión profunda del programa Artemis— contará con una alianza público-privada sin precedentes, integrando tecnología de empresas como SpaceX y Blue Origin, además de la colaboración de agencias internacionales.
La estrategia se divide en fases críticas. El objetivo inmediato es el alunizaje tripulado en 2028, para luego escalar a una frecuencia de misiones cada seis meses. La tercera fase es la más disruptiva: la construcción de una base lunar con tres hábitats diseñados para extraer y utilizar recursos propios de la Luna (como agua en forma de hielo y minerales), reduciendo la dependencia de los suministros enviados desde la Tierra.
Una de las noticias que más ha impactado al sector científico es la decisión de dejar "en pausa" el desarrollo de la estación orbital Gateway. Isaacman explicó que la prioridad absoluta ahora es la infraestructura de superficie y los sistemas de transporte directo.
“No debería sorprender a nadie que estemos pausando Gateway para enfocarnos en la infraestructura que apoya operaciones sostenidas en la superficie de la Luna”, sentenció el administrador desde Washington.
Antes de la llegada a la superficie en 2028, todos los ojos están puestos en la misión Artemis II. Tras varias semanas de retrasos, el despegue está fijado para el próximo 1 de abril. Esta misión enviará a cuatro astronautas en una trayectoria alrededor de la Luna, siendo la primera vez en más de medio siglo que seres humanos viajarán más allá de la órbita baja terrestre, preparando el terreno para el asentamiento definitivo antes de 2030.