El sector pesquero magallánico inició el año con números azules, pero con una marcada concentración. La cosecha de centros de cultivo —principalmente salmón del Atlántico— llegó a las 15.649 toneladas, lo que representa un salto del 19,9% en comparación a enero de 2025.
Este dinamismo se trasladó también a las plantas de proceso, que elaboraron un 29,3% más de productos en doce meses, enfocándose mayoritariamente en formatos frescos y secos de alto valor agregado.
En la otra vereda, la pesca extractiva tradicional vive un escenario complejo. El desembarque industrial anotó una caída crítica del 47,4%, logrando extraer apenas 259 toneladas.
La principal razón de este retroceso fue la ausencia de desembarques de bacalao antártico, recurso que el año pasado había sostenido las cifras del sector y que este mes fue nulo.
La pesca artesanal mostró una leve mejoría del 2,6%, impulsada mayoritariamente por la recolección de luga roja. Actualmente, el Registro Pesquero Artesanal (RPA) anota a más de 7.000 personas en la región (87% hombres), concentrados principalmente en las provincias de Magallanes y Última Esperanza.
Para garantizar el futuro de la actividad, se mantienen vigentes diversas restricciones:
Vedas activas: Centolla, erizo y loco.
Restricciones prolongadas: Caracol trophon y ostiones.
Las cifras del INE ratifican que la pesca en Magallanes ha dejado de ser una actividad extractiva diversa para convertirse en una dependiente de la salmonicultura. Si bien el crecimiento global es positivo para el PIB regional, el informe plantea interrogantes sobre la diversificación productiva, dada la fragilidad que muestra la pesca industrial frente a la volatilidad de recursos como el bacalao.