Un respiro de esperanza llegó a Oriente Medio este viernes. A la medianoche local, entró en vigencia un alto el fuego de diez días entre Israel y el Líbano, acuerdo mediado por el gobierno de Estados Unidos. La tregua busca detener los enfrentamientos que, desde principios de marzo, han enfrentado al ejército israelí con el movimiento chií Hezbolá, en el marco de una escalada regional que involucra directamente a Irán.
El Presidente estadounidense, Donald Trump, fue el encargado de oficializar el pacto tras conversaciones con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el mandatario libanés, Joseph Aoun. El compromiso incluye explícitamente a Hezbolá, milicia que inició sus ataques con cohetes hace siete semanas en solidaridad con Teherán.
A través de un video oficial, Benjamin Netanyahu calificó esta pausa como una oportunidad para alcanzar un acuerdo de paz “histórico”. Sin embargo, la autoridad israelí fue clara en las condiciones de seguridad: sus fuerzas armadas no abandonarán el sur del Líbano, sino que permanecerán estacionadas en una franja de 10 kilómetros desde la frontera para garantizar la estabilidad durante las negociaciones.
Desde La Haya, el secretario general de la ONU, António Guterres, saludó la medida y urgió a Hezbolá a respetar el cese al fuego de forma estricta. “Acogemos con satisfacción cualquier medida que ponga fin al sufrimiento a ambos lados de la Línea Azul”, declaró su portavoz, Farhan Haq.
Por su parte, la Alta Representante de la Unión Europea, Kaja Kallas, manifestó desde Rabat que este tiempo debe ser utilizado "para alejarse de la violencia y crear espacio para negociaciones hacia una paz duradera". Kallas subrayó que el alivio para los civiles es la prioridad urgente tras semanas de devastación en la zona fronteriza.