Para Miguel Pincheira, la Antártica no es un triángulo blanco al final del mapa, sino un "tesoro nacional" desaprovechado pedagógicamente. Con dos décadas de experiencia docente, el profesor critica la falta de un vínculo real en los programas de estudio comparado con otras zonas como Chiloé o Rapa Nui. "Los programas no valoran el continente como lugar de estudio. Los estudiantes e incluso los docentes ignoramos la realidad del territorio nacional", afirma.
El aula como taller literario Lejos de la teoría, Pincheira involucró a sus alumnos en un desafío real: escribir para niños de entre cinco y ocho años. Los estudiantes del Liceo James Mundell investigaron hitos históricos, como la hazaña del Piloto Pardo, y la labor científica en las bases polares, traduciendo esa complejidad al lenguaje de la literatura infantil.
El resultado son seis relatos que se distribuirán durante este primer semestre:
“El abrazo que cruzó el mar”
“El gran viaje de papá a la Antártica”
“Ramón y el buque de valientes”
“Estela y los secretos de los hielos”
“Joakrill y el barco valiente”
“Pipo y la Estrella del Austral”
Caminar hacia el "lado blanco" del país El profesor sueña con una educación inmersiva, con imágenes en 3D y videos que acerquen la realidad polar a cada escuela de Chile, desde Putre hasta Puerto Williams. Para él, la solución no es esperar a que el Ministerio de Educación cambie el currículum, sino generar una pedagogía del testimonio, conectando a los estudiantes con los marinos, científicos y aviadores que "hacen patria" en el hielo.
"Debiésemos caminar más hacia el lado blanco del país y olvidarnos de la selva de cemento", reflexiona Pincheira. Su labor en Cholchol demuestra que la soberanía no solo se ejerce con presencia militar o científica, sino también con la identidad que se construye en cada pupitre, una página a la vez.