Hay un problema que muchas personas arrastran en silencio y que no aparece en las conversaciones cotidianas, pero que condiciona la forma de vestirse, de moverse e incluso de relacionarse: el abdomen flácido o “en delantal”. No es un asunto de vanidad ni de descuido. Es, en rigor, la huella física que dejan las subidas y bajadas de peso a lo largo de los años, una secuela que ni la dieta más estricta ni la rutina de ejercicio más disciplinada logran revertir.
sí lo plantea el Dr. Cristián Aguilar, cirujano plástico y reconstructivo, quien dedica buena parte de su consulta a pacientes que llegan agotados de intentarlo todo. La explicación médica es tan sencilla como definitiva: cuando la piel se estira más allá de su capacidad y luego el cuerpo adelgaza, ese tejido pierde elasticidad de manera irreversible. Queda colgando, formando un pliegue que cae sobre la zona baja del abdomen.
El daño no es solo estético. Bajo ese pliegue de piel sobrante se acumula humedad y se generan condiciones ideales para infecciones, hongos y roces permanentes que deterioran la calidad de vida de la persona. Para muchos pacientes, el simple acto de caminar, hacer deporte o usar cierta ropa se vuelve una fuente de incomodidad y, a veces, de vergüenza.
Aquí es donde el especialista busca despejar el malentendido más frecuente. “Haga lo que se haga con ejercicio o dieta, esa guatita no va a mejorar”, afirmó el Dr. Aguilar, subrayando que se trata de una cirugía reconstructiva, no estética. La distinción no es semántica: precisamente por su carácter reconstructivo, esta intervención cuenta con cobertura dentro del sistema público de salud, algo que la mayoría de los pacientes desconoce cuando llega por primera vez a la consulta.
La abdominoplastía está incorporada al Bono PAD (Pago Asociado a Diagnóstico) de Fonasa, un mecanismo que entrega certeza al paciente desde el primer día. A diferencia de otros esquemas en que los costos van apareciendo a medida que avanza el tratamiento, el PAD funciona con un precio fijo y conocido de antemano. Ese valor cubre honorarios médicos, hospitalización, exámenes, insumos y el seguimiento posterior hasta 15 días después del alta.
Una de las preocupaciones más comunes de quienes consideran esta cirugía es el tiempo. La buena noticia es que el camino, una vez que el paciente decide avanzar, está bien delimitado. El proceso desde la primera consulta hasta la cirugía dura entre uno y dos meses, período en que se realizan las evaluaciones y se verifica el cumplimiento de los requisitos. La recuperación completa, en tanto, toma entre 15 y 30 días, dependiendo de cada caso y del cuidado postoperatorio.
Es un plazo razonable para resolver una condición que muchas personas han cargado durante años, y que el sistema de salud reconoce como un problema legítimo que merece atención.
Más allá de los plazos y los requisitos, el Dr. Aguilar insiste en un punto que considera esencial y que repite a cada paciente: la decisión de operarse debe tomarse de manera informada. En un contexto donde abundan las ofertas y no siempre las garantías, el especialista propone una regla clara que llama el “triángulo de seguridad en cirugía plástica”.
Sus tres vértices son inseparables: el especialista debe ser un profesional certificado, la intervención debe realizarse en un centro de salud autorizado y el paciente debe estar informado. Si falta cualquiera de los tres pilares, advierte, la seguridad del procedimiento se resiente. Es un llamado a no dejarse llevar solo por el precio o la rapidez, sino a verificar credenciales y condiciones antes de poner el cuerpo en manos de otro.
El Dr. Aguilar realiza su consulta en Punta Arenas, lo que acerca esta especialidad a una región donde el acceso a cirujanos plásticos y reconstructivos no siempre es sencillo. La atención está disponible tanto a través del Bono PAD Fonasa como de forma particular, de modo que cada paciente pueda elegir la vía que mejor se ajuste a su situación.
Para los habitantes de Magallanes, contar con esta atención en su propia ciudad evita los costos y la logística de viajar a la zona central del país, una barrera que durante mucho tiempo dejó este tipo de soluciones fuera del alcance de muchos.
Si algo distingue el relato del doctor es que el éxito de la cirugía no se mide únicamente frente al espejo. El especialista observa en sus pacientes un cambio que excede lo visual y que se prolonga en el tiempo: mejoran su alimentación, retoman la actividad física y sostienen los resultados.
“Uno ve que vienen a los controles y el paciente sigue bajando de peso y mejorando su estado de ánimo y su apariencia física”, señaló. La cirugía, en su mirada, opera muchas veces como el punto de partida de una transformación más amplia: al recuperar la comodidad con su propio cuerpo, la persona encuentra el impulso para cuidarse de maneras que antes le resultaban inalcanzables.
El especialista lo resume con la convicción de quien ha visto el proceso completarse muchas veces: “Mis pacientes quedan muy contentos con su resultado. Lo importante es elegir bien: profesional certificado, centro autorizado y paciente informado. Eso es el triángulo de seguridad”.
En el fondo, el mensaje es doble. Por un lado, que el abdomen flácido o en delantal tiene una solución médica concreta, con cobertura, y que nadie debería resignarse a convivir con sus molestias pensando que es un problema solo suyo. Por otro, que esa solución debe buscarse con criterio, verificando que cada vértice del triángulo esté en su lugar. Donde se cumplen ambas condiciones, los resultados -dice el Dr. Aguilar- hablan por sí solos.