Cada vez que el calendario marca la cercanía de una nueva edición del Festival Folclórico en la Patagonia, una corriente de memoria colectiva recorre a la capital de la Región de Magallanes. Mucho antes de que la producción de eventos masivos contara con tecnologías digitales o agencias internacionales, levantar un festival de envergadura en Punta Arenas requería una convicción inquebrantable. Había que gestionar pasajes, cruzar las fronteras patagónicas a pura confianza, convencer a delegaciones y sostener la certidumbre de que desde el confín del mundo era posible edificar una fiesta capaz de unir musicalmente a Chile y Argentina.
En ese épico trazado histórico resaltan con luz propia los nombres de dos gestores clave: Alfonso “Cocho” Cárcamo y Pedro Sánchez Barría, figuras estrechamente ligadas a la mítica Corporación Patagónica del Folclore, institución que durante décadas fue el pilar estratégico del certamen.
Las raíces institucionales de la fiesta folclórica se remontan a comienzos de la década de 1970. Según registros de la época publicados por La Prensa Austral, ya en 1972 la comisión organizadora agrupaba a visionarios como Enrique Sánchez López y Alfonso “Cocho” Cárcamo, cimientos que derivarían formalmente en la obtención de la personalidad jurídica de la Corporación Patagónica del Folclore.
Cárcamo asumió una labor compleja y vital: la relación, coordinación y cuidado de los artistas. En tiempos donde la conectividad era precaria, sus contactos personales, calidez humana y credibilidad permitieron traer a la capital magallánica a los folcloristas más renombrados de la escena sudamericana. Tras su sentido deceso en 1992, la comunidad rindió el homenaje más perpetuo a su entrega: el escenario principal del Gimnasio de la Confederación Deportiva de Magallanes fue bautizado oficialmente como "Alfonso 'Cocho' Cárcamo", espacio que hasta hoy recibe a competidores y figuras estelares.
Décadas más tarde, la posta de la gestión cultural la tomó Pedro Sánchez Barría. Destacado empresario, dirigente social y presidente de la propia Corporación Patagónica del Folclore, Sánchez aportó la disciplina organizativa y el rigor necesarios para consolidar las ediciones del festival en tiempos de cambio.
Fallecido en octubre de 2020 a los 72 años, sus colaboradores lo recuerdan no solo por su incansable energía logística, sino también por su faceta de compositor y su vocación integradora. Sánchez cultivó profundos lazos de amistad con creadores y músicos argentinos, reforzando el ADN binacional del encuentro patagónico. Hoy, al resonar los primeros acordes de cada edición, la memoria de estos dos pioneros vuelve a habitar el escenario que ellos mismos ayudaron a soñar.