Un nuevo hito de tensión bilateral se registró entre Argentina y Brasil luego de que el Presidente argentino, Javier Milei, acusara al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva de financiar una supuesta campaña de desprestigio en redes sociales contra su país.
Las declaraciones del jefe de Estado trasandino se produjeron horas después de que la Cancillería brasileña decidiera llamar a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, en respuesta a las descalificaciones emitidas por Milei contra el mandatario brasileño durante un acto de proclamación política en territorio brasileño.
En entrevista con Radio Mitre, Milei vinculó las críticas virales dirigidas a la selección y al país trasandino con un financiamiento proveniente del Ejecutivo vecino:
"¿Sabe quién puso más plata en esta campaña antiArgentina? El Gobierno de Brasil, el 25% de los recursos salió de ahí".
El gobernante argentino aludió a contenidos en plataformas digitales relativos a cuestionamientos arbitrales, apoyos políticos internacionales y acusaciones de discriminación. En ese sentido, fundamentó la supuesta ofensiva mediática en el rol global que le atribuye a su administración:
"Hoy Argentina es un emblema de la libertad, por eso todo el ataque mediático que hubo, porque estamos siendo el faro de Occidente, (...) estamos poniendo en jaque las políticas de estos chorros que se escudan detrás del Estado presente para robarle a la gente de bien".
El deterioro del vínculo diplomático se profundizó luego de que Milei participara en la convención del Partido Liberal (PL) en Brasil para respaldar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro. Durante su intervención en dicho encuentro, el mandatario argentino calificó a Lula da Silva de "ladrón" y lo acusó de impulsar el socialismo en la región y de deteriorar la situación fiscal de su país.
El viaje de apoyo explícito se da en un contexto preelectoral en que la figura de Flávio Bolsonaro busca acortar distancia en los sondeos frente al actual jefe del Planalto, quien aspira a un nuevo mandato. Analistas internacionales advierten que el cruce verbal e institucional mantendrá la tensión entre los dos principales socios comerciales del Mercosur en el corto plazo.