Frente al impacto global de la influenza aviar y tras la llegada de la cepa H5N1 a Chile a fines de 2022, la Región de Magallanes se ha consolidado como un punto neurálgico para la prevención y la ciencia. En ese contexto, el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), albergado por la Universidad de Magallanes (UMAG) junto a la Pontificia Universidad Católica, lleva adelante un programa permanente de vigilancia epidemiológica con base en Puerto Williams.
Las campañas de monitoreo se despliegan en sectores clave del archipiélago fueguino como Isla Navarino, Bahía Róbalo, Punta Gusano e Isla Lennox, donde periódicamente se toman muestras a aves silvestres migratorias para mapear posibles patógenos.
El pilar fundamental de este trabajo es la capacidad instalada en el edificio del CHIC, que cuenta con laboratorios equipados con tecnología de PCR en tiempo real e infraestructura de bioseguridad. Esta autonomía operativa evita el envío sistemático de muestras hacia Santiago, reduciendo tiempos de respuesta en una de las zonas más extremas del planeta.
El programa representa la primera vigilancia viral sistemática desarrollada en esta latitud austral. El médico veterinario e investigador asociado del CHIC y de la Universidad Católica, Pedro Jiménez, valoró la posibilidad de realizar procesamientos in situ:
"El edificio del CHIC en Puerto Williams tiene un laboratorio muy bien implementado, que incluso permite analizar las muestras en el lugar. Cuenta con instrumental para pruebas de PCR en tiempo real y capacidades de bioseguridad. Es la forma ideal de trabajar porque permite obtener resultados rápidamente, resolviendo las limitaciones generadas por la centralización de la ciencia en Santiago".
Hasta la fecha, los análisis de laboratorio han arrojado resultados tranquilos: no se ha detectado la variante altamente patógena del virus en las aves examinadas en el Canal Beagle. Sin embargo, los especialistas insisten en la necesidad de no bajar la guardia debido a la convergencia de rutas migratorias del Pacífico y el Atlántico.
La ubicación de Cabo de Hornos la convierte en una centinela biológica natural y en el paso previo hacia el continente antártico, ecosistema altamente vulnerable ante eventuales brotes masivos de la enfermedad.
Frente a este escenario, el investigador del CHIC Carlos Valeris enfatizó la necesidad de asegurar la continuidad presupuestaria para los equipos científicos asentados en la Provincia Antártica:
"Cabo de Hornos es un territorio estratégico para estudiar la influenza aviar, porque allí confluyen importantes rutas migratorias y constituye una puerta de entrada hacia la Antártica. Hoy existen capacidades científicas en Puerto Williams, pero su continuidad depende de financiamiento estable, especialistas y una logística adecuada para zonas extremas".