El brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo (RDC) se convirtió oficialmente en el más mortífero registrado en la historia del país africano, al alcanzar 2.325 fallecidos y 4.945 casos confirmados, según los datos epidemiológicos difundidos este fin de semana. Con estas cifras, la emergencia superó el récord del episodio registrado entre 2018 y 2020, que había dejado un saldo de 2.299 víctimas mortales.
A nivel global, este 17.º brote en el país solo es superado en términos absolutos por la epidemia de África occidental de 2014-2016. La crisis sanitaria actual, detectada oficialmente el pasado 15 de mayo con epicentro en la provincia de Ituri, preocupa a la Organización Mundial de la Salud (OMS) debido a la intensidad de la transmisión y a una tasa de letalidad que escala al 46,8%.
El agravamiento de la crisis sanitaria responde a barreras biológicas, logísticas y socioestructurales en la región:
Ausencia de vacunas específicas: El brote corresponde a la cepa Bundibugyo, especie para la cual no existen vacunas aprobadas ni tratamientos antivirales validados, manteniéndose el uso de terapias en fase experimental.
Fallas en la detección temprana: Médicos Sin Fronteras (MSF) advirtió que la letalidad se ha duplicado desde junio debido a que muchos pacientes son identificados recién tras fallecer en sus comunidades, impidiendo el rastreo efectivo de contactos.
Factores de contexto: Informes internacionales apuntan a la violencia armada de grupos rebeldes en el este del Congo, la desconfianza comunitaria hacia las brigadas médicas, la fragilidad hospitalaria y los recortes en la ayuda técnica internacional.