En el invierno austral de 1916, Sir Ernest Shackleton llegó a Punta Arenas tras ver fracasar tres intentos consecutivos de rescate para salvar a los 22 tripulantes de su expedición atrapados en la isla Elefante. Tras los fallidos intentos del ballenero noruego Southern Sky, el barco uruguayo Instituto de Pesca N° 1 y la goleta Emma, el explorador británico acudió a la Armada de Chile y a la recomendación del vicealmirante Joaquín Muñoz Hurtado. La respuesta del Estado chileno fue inmediata: el Presidente Juan Luis Sanfuentes puso a disposición la escampavía Yelcho, instruyendo la misión al Apostadero Naval de Magallanes bajo el mando del contraalmirante López Salamanca.
Para organizar el rescate se constituyó en Punta Arenas una Comisión de Salvataje, donde destacó la figura del subteniente Ramón Cañas Montalva —quien más tarde se convertiría en un referente geopolítico del territorio antártico chileno—. La nave elegida, un modesto remolcador de vapor de 36 metros de eslora construido en 1906, carecía de doble fondo, calefacción, alumbrado eléctrico o radiotelegrafía. Pese a los riesgos estructurales del buque para la navegación en hielo, el piloto segundo Luis Pardo Villalón asumió voluntariamente el mando de la expedición acompañado por su dotación.
El Yelcho zarpó el 25 de agosto de 1916 desde el puerto magallánico y, tras superar extremas condiciones climáticas a ciegas, arribó el 30 de agosto a la isla Elefante. En un operativo de poco más de una hora, la tripulación chilena evacuó con éxito y sin bajas a la totalidad de los sobrevivientes. El 3 de septiembre de 1916 la nave regresó triunfal a Punta Arenas ante el reconocimiento multitudinario de la población local y de la prensa internacional, hazaña que consolidó para siempre la vocación y presencia Antártica de Chile.