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Columna de opinión

Sociedades Anónimas Deportivas: el cáncer del fútbol

opinion
19/05/2022 a las 16:23
Pablo Oyarzo
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Andro Mimica Guerrero, Periodista

“La pelota no se mancha”, decía Diego. Palabras que marcaron una época gloriosa que se ponía fin en una Bombonera llena en Buenos Aires. El dios del fútbol despedía su carrera y se iba asumiendo todos sus errores extrafutbolísticos. Ese día, Maradona nos devolvía nuevamente las ganas de creer en ese fútbol de barrio, en el del esfuerzo y de una forma de ganarse dignamente la vida. Después viene el humo del “amateurismo” y todo lo que terminamos conociendo con Jadue y Sampaoli en Chile.

¿La pelota no se mancha? Desde la venta de las acciones de Carlos Heller en la Universidad de Chile, aún seguimos sin saber quiénes son los dueños de una de las instituciones deportivas más importantes del país. ¿Qué se esconde detrás de esto? En todo el mundo son conocidos los dueños o mayores accionistas de los clubes.

En nuestro fútbol nacional los nombres de Felicevich, Bragarnik, Nasur y otros nos aparecen una y otra vez entre la primera y primera B. En su mayoría siempre en las sombras y con títeres en los directorios que votan a su conveniencia para repartirse el botín de la televisación del fútbol, importando un pepino la competencia deportiva. Prueba de esto es el paro del balompié por dejar a la segunda división sin ascenso directo. Perdón por la coprolalia, un club de cabrones.

En mi Colo-Colo, hace décadas, el Gobierno de Ricardo Lagos, acompañado de Arturo Salah en el extinto Chiledeportes, con el senador Alberto Espina en el Poder Legislativo y Sebastián Piñera en las tinieblas, preparaban el desembarco de las sociedades anónimas en el fútbol. Fraguaron la quiebra de la institución más importante del país; se enajenaron los activos como el Teatro Monumental y la sede de Cienfuegos, para cuando ya tomaron el control, entre el 2006 y 2008, vendieron a todos los grandes jugadores formados por el Club Social para llevarse los millones de dólares a sus bolsillos y matar de una vez nuestro gran semillero.

Cuando más tranquilos estábamos bajo la conducción de Edmundo Valladares, de golpe y sopetón, vuelve uno de los bloques de poder a liderar un “proyecto” que nos tuvo a minutos de descender de categoría por vez primera.

Conclusión, en Colo-Colo se sigue aumentando la deuda, no se le ha pagado un peso al Fisco y la institución pasa por las más sucias manos como las del dueño del cartel de confort y del ex Presidente de la República, que no vamos a hablar de sus innúmeras caídas en el mundo de la legalidad y la ética.

Sabemos que en el mundo el fútbol se ha utilizado una y otra vez para la política. El Madrid con Franco, Racing con Perón, Berlusconi en el Milan, Macri con Boca y el ya mencionado Sebastián Piñera con Colo-Colo, son solo algunas muestras de lo que genera este deporte, que apasiona a millones de personas en todo el mundo, pero, por sobre todo, mueve cientos de millones de dólares al baile de nosotros, los hinchas.

Urge que avance el proyecto de reforma de las Sociedades Anónimas Deportivas en Chile. Yo no voy a caer en el romanticismo de que los clubes vuelvan en su totalidad a las manos de la gente que ama sus colores, pero sí al menos aspiro a un sistema mixto, donde se tenga una verdadera representación en la toma de decisiones del mayor activo que tiene cada equipo del fútbol chileno… Nosotros, sus hinchas.

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