La comunidad de Magallanes lamenta profundamente el fallecimiento del Dr. Juan Christian Gross Mancilla, destacado médico que desarrolló gran parte de su vida profesional en el Hospital Regional de Punta Arenas, convirtiéndose en una figura respetada por su compromiso con la salud pública y su vocación de servicio.
Nacido en Punta Arenas, hijo de Alfredo y Emma —descendientes de inmigrantes europeos y chilotes—, creció en una familia marcada por el esfuerzo y el trabajo en una región que comenzaba su desarrollo industrial y ganadero. Durante su infancia vivió en Río Verde, pero regresó a Punta Arenas como interno para continuar sus estudios, donde forjó una temprana conciencia social influida por sus profesores normalistas y su entorno educativo.
Motivado por su deseo de servir a su comunidad, ingresó a la carrera de Medicina en la Universidad de Concepción a comienzos de la década de 1960, en un contexto universitario profundamente marcado por los movimientos sociales y políticos de la época. Allí fue parte activa de debates estudiantiles y experiencias como el “Tren de la Salud”, que acercaba la atención médica a comunidades rurales, marcando su vocación por una medicina comprometida con lo social.
Se tituló como médico en 1972 y ese mismo año regresó a Punta Arenas para integrarse al Hospital Regional. Posteriormente se trasladó a Porvenir, donde vivió uno de los períodos más difíciles de su vida tras el Golpe de Estado de 1973, siendo detenido por su pasado político y universitario, experiencia que marcó profundamente su trayectoria personal y que más tarde decidió relatar como testimonio histórico.
A pesar de aquellos años complejos, continuó ejerciendo la medicina con vocación inquebrantable, especializándose como cirujano infantil y desarrollando una extensa carrera tanto en el sistema público como privado, siempre enfocado en el bienestar de sus pacientes y el fortalecimiento de la salud regional.
En una de sus últimas entrevistas, el Dr. Gross Mancilla expresó su deseo de dejar constancia de una parte de su vida desconocida, no desde el rencor, sino desde la memoria, la justicia y la esperanza de que las nuevas generaciones conozcan los caminos recorridos por quienes lucharon por una sociedad más justa.
Hoy, su partida deja un profundo pesar en colegas, pacientes, familiares y en toda la comunidad magallánica, que reconoce en él no solo a un gran médico, sino también a un hombre íntegro, comprometido con su tiempo y con su pueblo.