En noviembre de 2025, una comunicación oficial desde Santiago confirmó lo que en Magallanes se sabía hace tiempo: la labor del doctor Ricardo Rozzi ha dejado de ser un esfuerzo periférico para convertirse en un pilar de la ciencia nacional. Su ingreso a la Academia Chilena de Ciencias es el fruto de un rigor que no se limita al laboratorio, sino que se vive en el terreno, en la intersección exacta entre la biología y la filosofía.
El éxito de Rozzi no se entiende sin sus colaboradores fundamentales. Junto a la doctora Francisca Massardo y el doctor Andrés Mansilla, han formado un equipo que ha sabido leer el territorio subantártico como pocos:
Francisca Massardo: Pieza clave en la consolidación del Parque Etnobotánico Omora y coautora de la visión biocultural que hoy es referencia internacional.
Andrés Mansilla: Investigador de ecosistemas marinos que extendió la mirada del equipo hacia el "maritorio", permitiendo la creación de hitos como el Parque Marino Islas Diego Ramírez-Paso Drake.
Rozzi, doctor en Ecología y magíster en Filosofía, ha impulsado desde Puerto Williams la "filosofía ambiental de campo". Esta metodología propone que para proteger la naturaleza no basta con medirla; hay que comprender la ética de nuestra relación con ella. Desde el estudio de los "bosques en miniatura" (líquenes y musgos) hasta la creación del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), su trabajo ha demostrado que la diversidad biológica y la cultural son inseparables.
Hoy, desde el CHIC, Rozzi preside un esfuerzo transdisciplinario que monitorea el cambio climático en uno de los últimos rincones prístinos de la Tierra. Su ingreso a la Academia es, en última instancia, un mensaje potente: el sur no solo existe, sino que desde su aislamiento y pureza, está generando las respuestas más urgentes para la crisis ambiental del siglo XXI.