La fragilidad del alto al fuego alcanzado el pasado 8 de abril entre Washington y Teherán quedó en evidencia la noche de este jueves. Diversas explosiones sacudieron el oeste de la capital iraní, obligando a activar los sistemas de defensa antiaérea contra lo que medios locales como la agencia Mehr calificaron como "objetivos hostiles". Aunque Israel negó oficialmente estar detrás de estos estallidos, la incertidumbre ha disparado las alarmas de la Agencia Internacional de Energía (AIE), que califica la situación como la mayor amenaza energética de la historia.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, elevó el tono de la confrontación al ordenar a la Marina estadounidense "disparar y matar" a cualquier embarcación que sea detectada colocando minas en el Estrecho de Ormuz. Esta zona, vital para el tránsito del 20% del petróleo mundial, se ha convertido en un punto de fricción económica, luego de que Irán anunciara el cobro de los primeros "peajes" a barcos extranjeros, una medida rechazada por la comunidad internacional.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, sostuvo que su país mantiene una coordinación total con la Casa Blanca, pero advirtió que la paciencia se agota. Katz fue tajante al señalar que Israel está preparado para ejecutar una respuesta militar devastadora que "devuelva a Irán a la Edad de Piedra", condicionando la magnitud del ataque a la postura final de la administración Trump.
En medio de la escalada con Irán, Trump anunció un éxito diplomático parcial: el alto al fuego entre Israel y el Líbano se extenderá por tres semanas adicionales. Tras una reunión en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense expresó su intención de mediar una paz definitiva en un conflicto que data de 1948.
“¡La reunión salió muy bien! Estados Unidos va a trabajar con el Líbano para ayudarlo a protegerse de Hezbollah”, publicó Trump en Truth Social.