El informe del INE revela una paradoja en el mercado laboral chileno: mientras la fuerza de trabajo masculina retrocedió un 0,1%, la femenina creció un 1,8%. Este aumento de mujeres buscando activamente empleo fue el único motor que evitó una caída mayor en la ocupación nacional, aunque a un costo de mayor desempleo e informalidad.
Por primera vez en el periodo reciente, la desocupación de las mujeres alcanzó el 10%. El aumento del 7,4% de mujeres desocupadas se explica tanto por quienes quedaron cesantes como por un incremento del 7,9% en aquellas que buscan trabajo por primera vez.
Otros indicadores de género preocupantes incluyen:
Informalidad: La tasa de ocupación informal femenina se situó en 27,9%.
Brecha horaria: Las mujeres promedian 32,2 horas trabajadas a la semana, muy por debajo de las 38,4 horas de los hombres, lo que sugiere una persistencia del empleo de jornada parcial o subempleo.
Subocupación: La tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial llegó al 20,8% para las mujeres, una distancia abismante frente al 14,6% masculino.
A nivel país, la desocupación se ubicó en un 8,9%, registrando un incremento interanual de 0,2 puntos porcentuales. Este fenómeno se debe a que el crecimiento de la fuerza de trabajo (0,7%) superó la capacidad de la economía para generar nuevos puestos de ocupación (0,5%).
El dato más inquietante a nivel general es el alza de un 14,5% en las personas que buscan empleo por primera vez, lo que refleja una presión creciente de nuevos actores intentando ingresar a un mercado que no logra absorberlos con la velocidad necesaria.