El caos se desató el pasado sábado cuando facciones del Frente de Liberación de Azawad (FLA) —que busca la independencia del norte— y el grupo JNIM (vinculado a Al Qaeda) lanzaron ataques simultáneos que alcanzaron los barrios periféricos de Bamako. La violencia escaló el lunes con un atentado que cobró la vida del ministro de Defensa, el general Sadio Camara, desatando rumores sobre la posible caída del líder de la Junta, Assimi Goita.
Tras días de incertidumbre, el coronel Assimi Goita reapareció públicamente el martes para llamar a la calma y anunciar la extensión del toque de queda por una semana. Según el balance oficial, las fuerzas gubernamentales habrían abatido a "cientos de terroristas", aunque cifras extraoficiales reportan la muerte de al menos 25 civiles en los enfrentamientos.
Actualmente, Bamako y la estratégica zona de Kati mantienen una calma tensa. La vigilancia es extrema en:
Edificios de televisión estatal: Rodeados por cordones de seguridad.
Clínicas militares: Bajo fuerte resguardo para proteger a los mandos heridos.
Norte del país: La situación en ciudades clave como Kidal y Gao sigue siendo confusa, con rebeldes reclamando el control territorial.
Ante la volatilidad del escenario, los gobiernos de Francia y Bélgica han emitido alertas urgentes para que sus ciudadanos abandonen el territorio maliense "cuanto antes". Mali, sumido en una transición militar tras los golpes de Estado de 2020 y 2021, enfrenta ahora el desafío de contener una insurgencia que amenaza con fracturar definitivamente el país.