La relación entre Washington y Berlín ha caído a su punto más bajo en décadas. El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, confirmó este viernes que la orden de repliegue responde a una "revisión exhaustiva" del teatro de operaciones en Europa, aunque el trasfondo político es innegable: una colisión directa de liderazgos sobre cómo abordar la amenaza nuclear de Teherán.
La disputa escaló luego de que el canciller Friedrich Merz, en un encuentro con universitarios, calificara de "humillación" el desempeño de los negociadores estadounidenses frente a Irán. Merz afirmó que Washington carece de una salida estratégica y que los líderes iraníes han sido "más hábiles" en el tablero diplomático, dejando a EE.UU. sin resultados tras las rondas en Islamabad.
Fiel a su estilo, Donald Trump utilizó sus redes sociales y eventos en la Oficina Oval para arremeter contra el líder germano:
Ataque personal: Trump acusó a Merz de hacer un "trabajo terrible" con la economía alemana.
Cuestionamiento de seguridad: Sugirió que el canciller parece estar "de acuerdo con que Irán tenga armas nucleares".
Amenaza de expansión: El mandatario no solo confirmó el recorte en Alemania, sino que propuso retirar tropas de Italia y España, lo que profundizaría la grieta dentro de la OTAN.
Pese al retiro de 5.000 efectivos, Alemania sigue siendo el bastión norteamericano en el continente. Con más de 36.000 soldados hasta diciembre pasado, el país alberga infraestructuras críticas que ahora quedan en la incertidumbre:
Base Aérea de Ramstein: El corazón de la Fuerza Aérea de EE.UU. en Europa.
Grafenwöhr (Baviera): El mayor campo de entrenamiento militar estadounidense fuera de su territorio.
Stuttgart: Sede de cuarteles de mando estratégico de alto nivel.
El despliegue en Alemania supera con creces al de otros aliados como Italia (12.000) o el Reino Unido (10.000), lo que convierte cualquier reducción en un movimiento de alto impacto para la defensa colectiva europea.