Mientras las autoridades locales y nacionales continúan proyectando a Punta Arenas como la gran “puerta de entrada a la Antártica” y el próximo “hub global” del continente blanco, la realidad operativa del Aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo pone en entredicho esta ambición cada invierno. Las recientes e intermitentes suspensiones de vuelos debido a la acumulación de escarcha y nieve en la losa han vuelto a encender las alarmas sobre la profunda brecha tecnológica que sufre el principal terminal aéreo de la Región de Magallanes.
La problemática invernal no solo afecta la conectividad estratégica de la región, sino que golpea directamente a los usuarios. En días de temperaturas extremas, la presencia de hielo obliga a cancelar los aterrizajes de forma preventiva, dejando de manera recurrente a centenares de pasajeros varados —en ocasiones por más de 24 horas en Santiago o Punta Arenas— sin posibilidad de recibir compensaciones por parte de las aerolíneas, al ser catalogado como un evento de fuerza mayor.
A nivel global, los terminales aéreos en zonas de clima extremo demuestran que el invierno severo no tiene por qué detener la conectividad si existe inversión en infraestructura inteligente. El aeropuerto de Oslo-Gardermoen (Noruega) opera ininterrumpidamente gracias a una flota de máquinas quitanieves autónomas y no tripuladas que limpian las pistas en coordinación con los aviones, sumado a sistemas de calefacción subterránea e instalaciones de deshielo por infrarrojos. Por su parte, el terminal de Helsinki-Vantaa (Finlandia) utiliza plataformas automatizadas que aplican líquidos anticongelantes con rigurosa precisión, erradicando los retrasos en cadena.
En contraste, Magallanes lleva años discutiendo la necesidad de realizar estudios de prefactibilidad. Aunque en agosto de 2023 las autoridades plantearon la posibilidad de construir una nueva pista que incluyera este tipo de avances, a la fecha no se han presentado novedades ni compromisos concretos de inversión.
Para el senador por Magallanes, Alejandro Kusanovic, la actual necesidad de ejecutar obras de mantención en la pista principal representa la ventana de oportunidad perfecta para que el Estado actúe con visión de futuro.
"Es lamentable que el Aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo aún no cuente con un sistema de descongelamiento eléctrico u otra tecnología similar en su pista. Hoy en día es perfectamente viable contar con pistas con tecnología de descongelamiento incorporada. Debemos estar a la altura de los tiempos en que vivimos; Magallanes no puede seguir quedando aislado en pleno siglo XXI por falta de inversión tecnológica", señaló firmemente el parlamentario.
Kusanovic enfatizó que el paso lógico de la planificación pública es integrar sistemas de descongelamiento —ya sea mediante resistencia eléctrica o por circulación de agua caliente a través de calderas bajo el asfalto— aprovechando los trabajos de reparación que ya se deben ejecutar por contrato. “Debemos optimizar los recursos y dotar al aeropuerto de un estándar internacional aprovechando los trabajos que ya se deben realizar”, agregó.