La Federación de Panificadores Artesanos de La Paz anunció el inicio de gestiones internacionales para solicitar que la marraqueta sea declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). El gremio argumenta que este tipo de pan representa un pilar fundamental de la canasta familiar, la gastronomía y la identidad cultural de Bolivia.
La propuesta fue oficializada por el máximo dirigente de la federación paceña, Dandy Mallea, durante la conmemoración del Día de la Marraqueta. Esta efeméride se celebra cada 6 de julio tras la promulgación de una ley municipal en 2024, la cual complementó el decreto de 2006 de la entonces Prefectura Departamental que reconoció a este alimento como Patrimonio Cultural e Histórico de La Paz.
El plan estratégico de los artesanos contempla, en primera instancia, impulsar la redacción y aprobación de una ley nacional que declare el producto como patrimonio en todo el territorio de ese país. Con este piso institucional y legal, el sector panificador proyecta elevar formalmente el expediente técnico ante las comisiones evaluadoras de la Unesco para su validación global.
Los productores locales detallaron que las características esenciales de la marraqueta paceña —reconocible por una corteza crocante y una miga suave y aireada— dependen estrictamente de un método de manufactura tradicional y artesanal que los gremios buscan salvaguardar frente a la industrialización.
La receta se compone exclusivamente de harina de trigo, agua, sal y levadura. Tras el amasado, los bollos alargados y ovalados se someten a un proceso de reposo y leudado envueltos en telas de yute.
La etapa crítica del proceso se desarrolla en hornos refractarios provistos de bóvedas construidas con ladrillos de barro. Para generar los niveles de humedad interior necesarios que otorgan la textura crocante final, los panaderos introducen previamente piezas de pan integral de trigo denominadas "chamillo". Finalmente, la masa se deposita de manera directa sobre la base de ladrillos mediante palas de madera largas, completando una cocción que toma exactamente 15 minutos.