La sospecha de haber contraído el virus AH1N1 que afectó a la ciudadana dominicana Ingracia Vera Vera, de 36 años, quien trabajaba en un conocido local nocturno de Punta Arenas no dejó indiferente a nadie y menos a los dueños de estos centros de diversión y a quienes ejercen el comercio sexual. Alertados por la gran cantidad de extranjeras que laboran en esta actividad en la ciudad, quienes en su mayoría provienen de países donde la influenza humana se ha dado con mayor fuerza, los clientes de los locales nocturnos han preferido abstenerse de asistir.
Esther, una conocida trabajadora de estos locales dice que “somos la población olvidada”. Y con todo el enojo que puede guardar su suave voz, manifiesta: “Si la influenza es tan grave como dicen, ¿por qué no ha venido una brigada de Salud a repartir tapabocas? ¿A realizarnos pruebas?”.
Su pregunta tiene también una fuerte carga de incredulidad. Trabaja en un conocido local de la ciudad, donde comparte con más de 20 mujeres. Como ella, la mayoría no cree que exista la gripe. “Sólo asustan a la gente y a los clientes”, dice a su vez Cristina, quien labora en el mismo local. Ella, al igual que algunas de sus compañeras es madre soltera y se pregunta: “¿Cómo vamos a mantener a nuestros hijos?”.
Marjorie, quien ejerce el comercio sexual a través de un aviso en prensa escrita, dice que “los clientes ya ni han llamado. Muchos creen que los vamos a contagiar. Incluso creemos que acá existen muchos prejuicios”.
Baja debido a la fiebre
En Punta Arenas no hay datos sobre cuántos hombres y mujeres se dedican al trabajo sexual. Pero no es una población menor.
El dueño del centro nocturno Nuevo Ritmo, Jorge Vallejos, admite que desde que se conoció el caso de Ingracia Vera la cantidad de visitas disminuyó considerablemente. “Esto vino en el peor momento. Desde que los medios comenzaron a hablar acerca de que una trabajadora sexual podría tener gripe porcina, la clientela ha dejado de venir y no queremos ni pensar cómo va a continuar en las próximas semanas”, agregando que “sin dudas, éste fue un batacazo a los locales nocturnos”.
Por su parte, Gladys Benítez, dueña del local nocturno Tentación, no da crédito a la poca demanda que han tenido durante la última semana. “La gente está asustada y no concurre al local. Nuestras ventas han bajado más de un 50% producto de todo el revuelo que causó la noticia”, señala. Sin embargo, Benítez cree que esto es pasajero, manifestando que “cuando pase la alarma todo va a volver a la normalidad”.
Uno de los locales más afectados ha sido el SexyPlay, pues es ahí donde laburaba la dominicana sospechosa de haber contraído el virus AH1N1. Su dueña, Elsa Álvarez, es categórica al señalar que “el negocio está malo”. A duras penas cuenta que “nunca pensamos que una trabajadora nuestra tuviese posibilidades de estar contagiada. Durante esta semana tuvimos que cerrar por petición de las autoridades de Salud y creemos que va a costar levantar el negocio después de esta tragedia comercial”.
