Dos derechos a salvaguardar:el trabajo y el descanso (I) por Víctor Corcoba H.

General
04/08/2009 a las 08:12
Dos derechos se ponen en entredicho a diario para millones de personas: el trabajo y el descanso. El trabajo ayuda siempre, en la medida que descubrimos lo que podemos hacer. Por otra parte, romper con la cotidianeidad es alcanzar el descanso. Este último, tan importante como el empleo, es fundamental que lo llenemos de abrazos, también de silencios, de pausas que nos desaceleren y, asimismo, de posos humanos para reencontrarnos los unos con los otros. Aprender a descansar es una manera de aprender a vivir. Cualquier persona, en sabio cultivo con el abecedario de la naturaleza, o en docto contacto con el mar, recobra la quietud, “carga las pilas” como dice el lenguaje popular, se calma interiormente.
Vivimos en el mundo de la producción, de las prisas que a veces no conducen a ninguna parte, afanados en cuidar el cuerpo, aunque luego tengamos abandonado el aseo de nuestros interiores, al que muchas veces precisamos engordar de estimulantes para poder andar por la vida sin desfallecer. Está visto que cada cierto tiempo necesitamos pararnos, tomar el equilibrio y la orientación debida, hacer análisis del momento presente, definido por la debilidad de convicciones que parecían consistentes y que han sido suplantadas por otras igualmente débiles, lo cual engendra confusión y desconcierto. Hay un visible abandono del uso de la razón, de pérdida del sentido natural, precisamente en la época en que la ciencia ha hecho avances decisivos, cuestión que debiera facilitarnos una aptitud mayor para comprender la realidad que nos circunda y lo que somos en esa realidad circundante: un esqueje de la poesía.
Es humano escalar por el deseo de aspirar a vivir mejor, pero es equivocado el estilo de vida que se presume como mejor, cuando está orientado sólo a producir, a ser productivo y poco más. Por esto, es necesario esforzarse por implantar modelos laborables que aviven el descanso con ayudas sociales, en vez de pretender acrecentar las jornadas de trabajo o ampliar la duración de la vida laboral. Del tajo al ataúd o del reventadero a la casa, sinceramente no me parece un buen camino y mucho menos de protección de los derechos de los trabajadores. Somos personas, no somos máquinas.

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