A los que ya tenemos algunos años (suficientes, me confieso), nos cuesta aceptar esto de los insultos a los profesores… Como pan de cada día humillan, agraden verbalmente e incluso golpean a los docentes… ¿Quién de nosotros –insisto, los que hemos acumulado “millas”- se hubiera atrevido a “salirse de madre” con algún profe, enviar una carta o anónimo?... (ubiquémonos en los tiempos, nada de internet, chat, facebook, twitter, etc)… Para ser francos, pocos… Ni qué decir si llegabas a tu casa contando que te sancionaron o castigaron por hecho similar, nada, ahí mismo nuestros padres se abanderaban con los profesores y va tu castigo… Nada de 147, de violencia intrafamiliar, de derechos del niño y… sanitos… no conozco a ninguno tan “traumado” porque nos castigaran o enseñaran duramente que había que –simplemente- respetar… Punto. ¡Qué tremenda cosa nos enseñaban: el respeto! “No, es que no lo quisieron hacer… No, es que es demasiado injusto… No, es que actuaron “sin pensar”…¿? Resulta hasta tragicómico escuchar descargos de padres y apoderados y justificaciones muy, pero muy lejanas de los hechos en sí… La capacidad de establecer entre lo bueno y lo malo se ha circunscrito a los límites de nuestra casa, y claro, sabemos que esos límites son muy, pero muy precarios… Y la precariedad se va transmitiendo, se va haciendo estilo de vida, se apodera de nuestra capacidad de pensar y justificamos siempre… ¡Ah!, pero distinta cosa si a “mi” hijo o hija la llegan a insultar, ahí sí que es un atropello, una indignidad, que cómo es posible que haya familias que no eduquen en los valores, en los principios, cómo esa niña o niño puede seguir en el colegio y el largo rosario de ética que no deja ver los pantalones o faldas en las rodillas (eufemismo puro…) Otros tiempos, otra concepción de familia, de núcleo: se acuerdan que había que llegar a la hora que indicabas y si era más de la una de la madrugada, anda aguantando la cara de tus padres al otro día y chao próximo fin de semana… No, ahora no… “Pero si todos utilizan el garabato, pero si los “chiquillos” sólo se estaban divirtiendo, para qué tanto escándalo…” Y ahí uno se da cuenta que el discurso oficial que ha instaurado la sociedad es de absoluto menoscabo hacia el magisterio… No se te ocurra colocar un rojo (te falta sicología), ni intentes citar a castigo (te falta sicología), no mandes a cortar el pelo (te falta sicología y capaz que te envíen a tribunales por “vulnerar los derechos del niño”)... ¿Qué me dicen?... Así no más las cosas. Por otra parte, bien los colegas, cuerpo directivo del Liceo María Behety… Alguien tiene que acabar con esta chabacanería… Es cierto: no son todos los alumnos ni sus familias, pero son muchos… para ustedes, como siempre, un abrazo.P.S.: menos para los que defienden la chabacanería y la falta de respeto.
