El control de la inflación no es tema por ahora para el Banco Central, con ello tiene holgura para mantener baja la tasa de política monetaria, y la posible gradualidad para el retiro de las medidas reactivadoras tiene absoluta coherencia.Lo cierto es que terminaremos el año con una inflación negativa en torno al -1% - aunque el Central proyectara un -0,8% - ya que tenemos acumulado en el año -1,1% y diciembre no puede hacer mucha diferencia para contrarrestar la cifra de noviembre que no se esperaba tan decaída. En enero y febrero los números continuarán bajos por la estacionalidad.
Hay que recordar que esto no es normal ni sano para la economía, aunque estemos por ahora disfrutando de un aumento en el ingreso real, unido a la caída del tipo de cambio que contribuye abaratando costos de insumos y artículos importados; las matrículas en UF, arriendos, dividendos y regalos de Navidad serán este verano, más baratos que en años anteriores.
La otra cara de la inflación negativa; políticamente incorrecta, está en la poca factibilidad de bajar los sueldos, pues si se reajustan según el IPC debiera ser en ambos sentidos. Al no poder bajar los sueldos, las empresas mantienen sus costos, lo que repercute en una disminución de los ingresos. Esto se resuelve de dos maneras: una es renunciar a parte de las utilidades y la otra es despedir gente. Claramente, ninguna de las dos medidas se sostiene en el tiempo.
