“...Hasta donde debemos, practicar las verdades” dicta al pensamiento esta una trova cubana y universal. Demasiado acorde a este llamado Mes del Mar, de la Armada de “no todos los chilenos” o explícitamente de la gesta “heroica” e “histórica” de Arturo Prat Chacón. Aunque de histórica no tenga mucho. Y es este fragmento de poetas, músicos e historiadores, al encerrar dos perspectivas de juicio dicotómicas pero convergentes, el que nos hace repensar y replantear – eterna y nuevamente – esta versión sublimada en la tradición histórica – educativa del país a lo largo de más de un siglo. “¿Hasta dónde debemos practicar las verdades? No fue hasta décadas después de la sedición oligárquica contra el gobierno de Balmaceda que la figura de Prat como símbolo ético y modelo virtuoso se mitifico, llegando a convertirse en algo parecido a un “santo secular. ¿Hasta dónde se debe practicar la verdad? O mejor dicho, en este caso, una pobre imitación de la verdad. Una tendenciosa a obviar de forma intencional aristas necesarias en honor a una verdad – como pluralidad - transversalmente legítima y aceptada. Es decir, tomada en cuenta por todos los habitantes de este país, y por sobre todo considerada de la diversidad de características que barnizan un hecho histórico. Evidentemente no fue ni será de este modo, mientras una idea hegemonizante de nación inmiscuya ciertos intereses en la educación y mentalidad de la mayoría. Queda por lo tanto en la omisión lo pésimo estratega que fue Prat, lo inhumano de Condell al asesinar a peruanos ya vencidos, y el admirable pero enterrado humanismo de Miguel Grau al preferir la vida al asesinato. También, los asesinatos, robos, violaciones y quemas de pueblos de la soldadesca chilena en la propia coyuntura bélica – Valle de Mantaro por ejemplo – y durante la ocupación. Esta omisión no es extraña, pues lo anterior no es funcional al chovinismo institucionalizado que ha marcado pauta en la historia del país. Mas allá de los hechos, la actitud de Prat podría servir para demostrar el valor que en un determinado momento tienen las personas para enfrentar una situación. Aunque si una acción, irracional en este caso, conlleva el peligro de otras vidas que no necesariamente optan libremente por lo mismo, sino sometidos a una dinámica “no pensante” característica de las fuerzas armadas, es ilegítima y condenable. A la vez lo simbólico de este mes puede no ser una falacia histórica, pero si una omisión histórica, lo que es vergonzoso. Es comprensible equivocarse y por ignorancia creer verdadero lo que no lo es, pero tergiversar interesadamente ya es dominio del imperio de una moral desvalida y pobre. 