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Columna de opinión

Clases de religión: ¿Camino a una secularización de contenidos?

opinion
01/10/2023 a las 15:15
Pablo Oyarzo
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Benjamín Escobedo, Teólogo e Investigador de Historia

En los últimos días se ha dado a conocer un análisis realizado por dos investigadores que proponen establecer que las clases de religión lleguen a todos los estudiantes del sistema escolar chileno sin ningún tipo de exclusión. Para dichos efectos la intención radicaría en una transversalidad del contenido religioso propiciado por el Ministerio de Educación en Chile, dicha pretensión de los académicos Carmelo Galioto (investigador postdoctoral de la Universidad de O’Higgins) y Cristóbal Bellolio (Universidad Adolfo Ibáñez) se visibiliza a través de un artículo llamado “Hacia una reforma de la enseñanza religiosa en el sistema escolar chileno”, precepto por el cual se podría replantear a partir del Ministerio de Educación de nuestro país el contenido de la clase de religión, por tanto, mi columna de la semana se titula “Clases de Religión: ¿Camino a una secularización de contenidos?”.

Primero, la declaración que salió hace unos días donde se afirma que una de las materias que suele estar presente en todos los establecimientos es la asignatura de religión, pero que en dichas clases suelen abarcarse temas relacionados netamente a la religión católica y evangélica, sin duda, ha tensionado una realidad de la cual muchos tenemos experiencia, por tal motivo, hay apoderados que suelen optar por eximir a sus hijos de ellas por no sentirse identificados con la clase. Es muy probable que el exceso de dogmatismo provoque una tensión en esos padres que ven en aquellos contenidos una enajenación con el mundo y sociedad del siglo XXI, más aún, teniendo una distancia a priori del diálogo asociado al fenómeno religioso del cristianismo producto de sus enfoques teológicos y filosóficos. La investigación de los académicos previamente enunciados se basa en que actualmente las escuelas se ven obligadas a ofrecer una clase de religión de carácter confesional. Esto quiere decir, que mientras los colegios religiosos enseñan exclusivamente sobre su propia denominación religiosa, los establecimientos no religiosos deben decidir a partir de un conjunto de programas aprobados la religión que van a enseñar, de esta forma, ofrecer una propuesta religiosa más menos orientada al dogma clásico experimentado en Chile. Los académicos sugieren una aproximación más bien desde las Ciencias de la Religión, no una mirada acentuada en la liturgia, credos y sistematizaciones religiosas de un tradición eclesiástica en particular. Para esto, la idea de una reforma al actual sistema de enseñanza religiosa posibilitaría que esté dirigida a todos los estudiantes sin ningún tipo de exclusión, por consecuencia, que sea un espacio abierto a la reflexión de los diversos credos existentes y al aporte que hacen a la formación de las personas desde una mirada cultural, social, política y religiosa, no meramente focalizada en esta última.

Segundo, los investigadores expresan que en Chile no debería existir una educación religiosa confesional, sino más bien obligatoria y universal, parámetros que suenan atractivos e interpelantes para un mundo que, tal vez, hasta ahora ha entendido mal la idea de secularización. El carácter obligatorio es indispensable, y en esto los investigadores tienen mucha razón, ya que, occidente debe mucho de su formación al cristianismo, fe y religión, no obstante, todo aquello debe ser traducido a un lenguaje común, laico y tolerante; en otras palabras, universal. Además, existe la idea que el axioma religioso vaya más allá del dogma, o sea, no como un factor exclusivo de teoremas teológicos, sino más bien que sea un aporte a la espiritualidad de la sociedad chilena. Entonces, para alcanzar niveles de tolerancia, horizontalidad, demanda y diálogo religioso en el contenido de las clases de religión, no se debe cercenar su trasfondo ético moral, sino más bien abrir el abanico hacia otras expresiones de fe, así, la decisión de creer o no creer en el Dios judeocristiano está lejos de ser una especie de “iluminación” al más puro estilo del viejo calvinismo, por el contrario, es una adherencia propia, individual y racional de la experiencia y necesidad humana sobre lo divino. Sin duda, las hermenéuticas de los contenidos de la clase de religión no pueden estar al servicio de unos pocos, en este sentido, la investigación de impeler un nuevo paradigma sobre estas temáticas resulta de urgente discusión, racionalización y problematización a nivel nacional.

La disyuntiva que provoca esto demanda una educación laica, emancipada del dogma clásico y en concordancia con las necesidades morales de una sociedad secularizada que, sin duda, necesita un aprendizaje en la clase de religión sin incidencia religiosa curricular, abandonando rudimentos de convicciones últimas que resultan forzosos con el fin agradar a una “espalda” eclesiástica y/o religiosa. Tal vez, la clase de religión debiese acentuarse “ética” o “ciencias de la religión”, de esa forma las bases conceptuales, epistemológicas y filosóficas erigen en una sintonía de equilibrio y en una secularización de los contenidos a discutir, así, enmendar la tentación constante de ciertos docentes por convertir el salón de clases en un templo, confesionario y rocío de exclusividad espiritual. No olvidemos que toda esta discusión tiene un trasfondo de filosofía política, donde una cierta ala del liberalismo político no pretende relegar al cristianismo del espacio público, sino más bien mantener separado el rito de la educación pública. La clave está en la forma en cómo se transmite el contenido religioso, de ahí que uno de los grandes intelectuales de la Escuela de Frankfurt diga lo siguiente: “Las prácticas religiosas y la perspectiva que ofrecen, concluye, siguen siendo fuentes importantes de valores que nutren la ética de la ciudadanía multicultural y fomentan la solidaridad y el respeto entre todos. Pero para que se pueda disponer del “potencial capital semántico de las tradiciones religiosas” con el fin de enriquecer la cultura política (y, en particular, las instituciones democráticas) hay que traducirlas a un idioma secular y a un “lenguaje universalmente accesible”, tarea que recae no solo sobre los ciudadanos creyentes, sino sobre todos los ciudadanos -creyentes o no creyentes- implicados en el uso público de la razón” (Jürgen Habermas et al., El poder de la religión en la esfera pública (Madrid: Trotta, 2011), 14-15. Necesitamos con urgencia rescatar el valor de la religión no desde imposiciones al estilo medieval, sino más bien desde una apertura a explicar y enseñar dicho fenómeno sin sesgos doctrinales, tampoco con la pretensión de hacer proselitismo hacia una religión en particular, la educación en nuestra clase de religión parece abrir un sensor significativo al cambio de paradigma respecto de su metodología, por tanto, la premisa sugiere un llamado a despolvar la clase de religión mirando su más reciente interrogante a través de los académicos Carmelo Galioto y Cristóbal Bellolio,

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