La Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, tierra de vastas estepas, montañas imponentes y una biodiversidad única, enfrenta un peligro silencioso pero brutal que atenta contra su patrimonio natural y su principal actividad económica: el flagelo de los perros asilvestrados. Lo que comienza como un acto de irresponsabilidad humana, el abandono o el descuido de mascotas, se transforma en jaurías salvajes que recorren nuestros campos y áreas protegidas, causando un daño irreparable y multimillonario. Ya no se trata solo de un problema de maltrato animal, sino de una emergencia ecológica y productiva que exige una acción decidida e inmediata por parte de la sociedad y las autoridades.
Los datos que emergen de las zonas rurales son contundentes y estremecedores. La ganadería, pilar histórico de Magallanes, sufre pérdidas constantes por los ataques a ovinos y bovinos. Productores ven cómo su esfuerzo se desvanece en masacres que dejan animales heridos, mutilados y moribundos, obligando a muchos a considerar el abandono de la actividad. El impacto económico es devastador y amenaza la sustentabilidad de la vida rural. El perro asilvestrado, al operar en manadas, desarrolla una capacidad de depredación que supera con creces la de cualquier carnívoro nativo de la zona, dejando un rastro de sufrimiento animal y ruina productiva a su paso.
Pero el daño va mucho más allá de las cercas de las estancias. Nuestra fauna nativa y vulnerable es la víctima silenciosa de estos depredadores ferales. Especies emblemáticas de la Patagonia, como guanacos, zorros, aves silvestres e incluso el esquivo pudú, son atacados y desplazados, alterando un ecosistema que ya enfrenta múltiples desafíos. Los perros asilvestrados se han convertido, de hecho, en una especie exótica invasora, con un impacto ecológico que altera el delicado equilibrio natural. Su presencia no solo implica la caza, sino también la transmisión potencial de enfermedades y la intervención en los ciclos de vida de especies protegidas.
La raíz del problema es ineludible: la falta de tenencia responsable. La Ley 21.020, o “Ley Cholito”, si bien un avance en la protección de las mascotas, ha demostrado ser insuficiente en su aplicación y fiscalización, especialmente en las extensas zonas rurales de Magallanes. El perro que deambula libremente, o peor aún, el que es abandonado a su suerte en el campo, inevitablemente se agrupa y recupera sus instintos cazadores, volviéndose un peligro para todos. Es por ello que se necesita con urgencia una estrategia integral que combine la fiscalización rigurosa de la ley de tenencia responsable con programas masivos y permanentes de esterilización, acompañados de campañas de educación ciudadana.